Laberinto Postmoderno
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La Codorniz y otras revistas

En el Laberinto Postmoderno, las cosas cambian rápidamente. Tan rápido, que el pasadizo donde estáis desaparece bajo vuestros pies, tenéis la sensación de haber caído durante una milésima de segundo y reaparecéis en otro sitio muy diferente. Apenas unos segundos más tarde, no recordáis nada del lugar donde os encontrábais y, lo más curioso, ninguno de vosotros echa en falta esos recuerdos

Y es que la historia ha dejado de ser interesante. Por supuesto, dejó de ser interesante cuando su enseñanza se limitó a esa mamonada de aprenderse de memoria la lista de los reyes godos, recitar como un lorito la de los reyes de Aragón y saber en qué año tal rey hizo tal cosa. La historia, la pasión por saber qué sucedió, es algo asesinado por los que creyeron que consistía en aprenderla, y no en comprenderla.

Sin embargo, hay una historia, la más reciente, una historia que nos afecta a todos de modo directo, sin mediar cambios políticos importantes, sin haber sucedido nada realmente trascendental desde entonces. Me refiero a la época de la Transición, tan olvidada en libros de texto, tan ignorada en la enseñanza primaria y, sospecho, en la secundaria.

Estoy leyendo una de esas recopilaciones de revistas como La Codorniz, Hermano Lobo o la superviviente El Jueves. Las portadas de éstas en 1973, 1977, 1978 y todos esos años de los que tan poquísimo sabemos los que éramos niños entonces.

Porque resulta que cuando leo esos chistes, realizados con tal habilidad que los juegos de palabras hay que reinterpretarlos varias veces, en los que un dibujo muy pequeño representaba a toda una nación, en los que cualquier detalle era fundamental, yo sé que me estoy perdiendo algo.

Delante de mí tengo varias viñetas donde se hace referencia a la situación política, económica y mediática de aquellos tiempos. La censura todavía era un órgano que podía ponerse en funcionamiento, los políticos estaban tratando de crear parcelas de poder ideológico y pugnaban por ello; y yo, en ese entonces, empezaba a preocuparme por defecar en la taza y no en unos pañales.

Viví esa época, estaba vivo mientras el Perich, Martinmorales, Ivá, El Roto o Chumy Chúmez dibujaban una España que iba a la deriva hacia cualquier parte.

En uno de los chistes, un político está dando un mitin, estornuda y uno de los asistentes dice: "Eso es lo malo de la Apertura, que se generan corrientes". Sé, intuitivamente, que aunque entiendo el chiste, se me escapa algo.

¿Por qué me resultan más familiares las películas de la edad media o las novelas del Capitán Alatriste que las historias reales de la transición? ¿Por qué me han contado -bien o mal- la historia del siglo XIX, la del XVIII y la de todos los anteriores, pero detuvieron la enseñanza de la historia contemporánea en la Segunda Guerra Mundial?

He tenido que aprender esa parte de la historia a través de revistas censuradas y de tebeos transgresores, porque en la escuela, nadie me la enseñó. Y todavía hoy me pregunto por qué...

La historia no hay que aprenderla. Hay que comprenderla. Mal podemos hacer juicios sobre el presente si no tenemos ni puñetera idea de cuáles eran los ingredientes originales del puchero en que hoy nos cocemos todos...
El Amo del Calabozo

2005-07-31 04:03 | Categoría: | 3 Comentarios | Enlace

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Comentarios

1
De: Pirx Fecha: 2005-08-01 00:27

Llevo leyendo tu bitácora desde hace ya bastante tiempo, creo que desde que salió. Este comentario era para razonar un desacuerdo con algo que dices, pero creo que debo aprovechar para aclarar que me lo estoy tragando prácticamente todo y no a disgusto. Lógicamente no estoy de acuerdo con todo, pero muchas críticas son de cajón, a pesar de que no las he encontrado en otra parte hasta ahora.

A ratos tengo la impresión de estar viendo cómo se gesta un libro a juzgar por la decisión y regularidad con la que escribes. Quizás también me da esa impresión porque no suele haber comentarios... igual que no los tiene un libro. Pero si los echas de menos, paciencia, que seguro que hay más de un mirón como yo que lee y calla.

Bueno, este vez no... casi se me olvida. A mí no me parece mal que la historia se enseñe "para aprenderla". La historia no es una ciencia experimental. Es un "saber" que pondera e interpreta fuentes de conocimiento de distinto valor y a menudo que cuentan cosas contradictorias. Es natural que ocurra eso porque quienes están más cerca de un hecho para relatarlo suelen estar implicados en él, lo que los hace parciales. Pero la diversión de verdad viene cuando se proyectan las ideologías y deseos de gente del presente sobre épocas pasadas.

Hay tantas formas de interpretar los mismos hechos que resulta vital para no caer en una "historia posmoderna" que se siga poniendo en lugar destacado el estudio de fechas y personajes. No se trata de aprender la lista de los reyes godos. Se trata de saber cuándo vivieron personajes como Eratóstenes, Algoritmi (o como se escriba), Erasmo, Diderot... o de cuándo se produjeron invasiones, guerras y revoluciones que han conformado el mundo tal como es.

Naturalmente no me opongo a que se enseñe más que fechas y nombres en clase de historia, ni mucho menos digo que se veten las interpretaciones. Pero más importantes que las interpretaciones prefabricadas es dar a los alumnos la posibilidad de hacer las suyas propias basadas en datos. Y para eso hace falta que buena parte de la asignatura sea memorística. Después de todo también lo es la tabla de multiplicar ¿no?



2
De: El Amo del Calabozo Fecha: 2005-08-01 09:17

La memoria es parte fundamental de las capacidades cerebrales humanas y no debe ser sustituida en ningún momento. Pero, eso sí, tampoco debe ser la base de ninguna asignatura en la escuela.

Y hago la distinción entre "aprender" la historia y "comprenderla", precisamente por eso. Todos sabemos que la Primera Guerra Mundial empezó porque un estudiante serbio le cascó un tiro al Archiduque de Austria, pero, ¿en qué medida sabemos todos los demás factores, mucho más influyentes, menos puntuales y con mucha más repercusión, que llevaron a esa guerra? ¿Sabemos algo de las circunstancias sociales, políticas, económicas y culturales que provocaron la extensión del conflicto? ¿Acaso se ha tratado de comprender cómo los soldaditos de dieciocho años iban a la guerra creyendo que sería una guerra romántica y se encontraban con gases tóxicos y avionetas disparando sobre la infantería?

Comprender la historia implica conocer al pueblo que la protagoniza, comprender sus circunstancias, sus problemas diarios, su modo de ver lo que ocurre. Y no solamente conocer la vida de Otto Von Bismarck o la figura del Barón Rojo.

A ese tipo de historia, se le llama "anecdotario" y no historia.



3
De: Bea Fecha: 2005-11-07 15:51

¡¡Hola!!
Soy estudiante de periodismo, y estoy haciendo un trabajo sobre la censura en la época del franquismo (centrándome en la censura periodística y audiovisual) y, a lo mejor no viene a cuento, pero si alguien tuviese algo de idea de los cines clandestinos de esa época le estaría muy agradecida si me pudiese orientar.
Muchas gracias



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