Laberinto Postmoderno
Bienvenido al Laberinto Postmoderno. Rescata a la Razón de su Mazmorra, donde la han metido el Relativismo y la Postmodernidad. ¡Únete a los aventureros de la Razón y combate al Dogma y la Credulidad!
Inicio > Historias > La Quimera del Chamán

La Quimera del Chamán

Ante vuestros atónitos ojos, una legión de pequeños demonios saltan sobre vosotros. Portan armas cortas, pero las manejan hábilmente. Os defendéis, las flechas de vuestro elfo atraviesan a uno justo antes de que os alcance. El hacha de vuestro enano parte en dos a otro y el relámpago que lanza el mago convierte en churrasco a otro más.

Pero cuando ya veíais la batalla ganada, los demonios vuelven a levantarse y vuelven a atacar. Continuáis luchando. Vuelven a morir. En realidad, son fáciles de vencer, pero regresan siempre. No hay modo de acabar con ellos.

Así son la mayor parte de las criaturas del Laberinto Postmoderno. Por más que se acabe con ellas, la victoria parece siempre parcial y transitoria. Hoy parece claro que lo de Roswell no fue ningún misterio y que los vendedores de humo se forraron a costa de la credulidad de la gente, pero pronto surgirá -aquí voy a hacer de vidente- una nueva hipótesis, un nuevo fraude, un nuevo periodista de lo paranormal dispuesto a vendernos más humo. Lo mismo con las caras de Bélmez, con la Atlántida, con Hercólubus y con todo lo demás.

Paseando por pleno centro de Madrid, una señorita estupenda, de largas piernas, firmes senos, vientre planísimo, grandes ojos y dentadura perfecta, me ofreció un panfleto por la calle. No sé si lo cogí porque la señorita estaba de muy buen ver o, simplemente, porque me dio la gana, pero cogí el panfleto.

En la pequeña tarjeta, un chamán se ofrecía para solucionar "problemas sentimentales, sexuales, de pareja, laborales y de timidez". Cuando lo leí, me di media vuelta y miré a la chica que me lo había dado. Tras comprobar que, en efecto, seguía estando estupenda, me di cuenta de que era africana. Mi escondida y recóndita xenofobia (ésa que todo europeo tiene aunque tratemos por todos los medios de controlarla) me hizo relacionar su origen étnico con el chamanismo.

Y es que es injusto creer que estas etnias han traído este tipo de cosas a Europa, puesto que no basta que las traigan, sino también que cuajen, que la cultura receptora las acepte. Hemos aceptado el chamanismo hasta el punto de que este tipo tiene el garito en una paralela a la Gran Vía madrileña, donde un local pequeño vale al mes una pasta gansa. Hemos aceptado el chamanismo, al igual que anteriormente aceptamos la homeopatía o, mucho antes, la frenopatía. Lo hemos aceptado y convivimos con ellos, mirando sus carteles con indiferencia, recibiendo sus panfletos publicitarios con absoluta normalidad.

Pero hay otras cosas que no aceptamos. Supongamos ahora que alguien le da un panfleto con la dirección de un sacerdote bengalí que, por un módico precio, practica el atávico ritual de extraer el cerebro de un fallecido familiar para que sea consumido por sus allegados. Según su cultura, esto sirve para que su sabiduría pase directamente a sus familiares y no se pierda tras su muerte.

Supongamos ahora que alguien le da un panfleto con la dirección de un abogado matrimonialista que le gestionará la poligamia para que pueda usted disponer de un harén de esposas a las que deberá mantener con su sueldo a cambio, simplemente, de que sean sus mujeres.

¿Por qué esas dos cuestiones culturales no cuajarían y las otras sí? ¿Cuál es el mecanismo que usa una sociedad para aceptar esto y no lo otro? ¿Existen razones para creer que un chamán vaya a solucionar nuestros problemas matrimoniales y no las hay para creer que devorando un cerebro adquirimos la sabiduría de su anterior dueño?

No es una cuestión de racionalidad, sino de racionalización. Si alguien mata a otro, no suele aceptar el hecho como lo que es: un homicidio. Lo que hace es justificarlo diciendo "es que estaba nervioso", "es que no me dejó otra oportunidad", "es que era un cabrón y se merecía la muerte", "es que me lo pidió dios en un sueño"... Racionalizamos. O, mejor dicho, irracionalizamos lo que nos sucede. Le damos una explicación que nos convenza personalmente, aunque los motivos para creer lo contrario son mucho más claros, nos convence en lo personal, en lo afectivo, en lo sentimental. Y, con eso, nos basta.

A ningún padre le cuesta creer que su hijo es una buena persona y a todos les cuesta creer que su hijo ha matado a alguien, ha robado un coche, ha traficado con pastillas o se ha peleado con otro porque era negro y él se considera la reencarnación de Goebbels. Eso lo veo cada día en mi trabajo, en el reformatorio de Zaragoza, donde veo padres y madres que mantienen la teoría de que "mi hijo es bueno, pero las malas compañías le han llevado aquí" y donde veo profesionales diciendo "Este chico es buena gente, lo malo es su familia". Por supuesto, los chicos dicen que la culpa "es de mi abogado, que la cagó en el juicio".

La racionalización nos lleva a culpabilizar a la Educación, a la televisión, a los videojuegos, a los Servicios Sociales, a la sociedad en conjunto, pero no nos lleva a culpabilizar al verdadero culpable. Echamos balones fuera, nos quitamos el marrón, le pasamos la patata caliente a otros y miramos para otro lado, pasando olímpicamente de todo.

Da igual si un chamán está engañando a la gente y gana el suficiente dinero como para costearse un local en pleno centro de Madrid. Da lo mismo si las tabacaleras nos la meten doblada vendiéndonos la moto del Marlboro Country o de "vive tu aventura con Camel". Da lo mismo si Playstation tiene la culpa o no de la violencia juvenil, porque lo que importa es lo que nosotros opinemos del asunto, independientemente de si tenemos o no razones para creerlo. Las sinrazones son más fáciles de encontrar, más sencillas de entender, menos dadas a pedir pruebas, a sopesar argumentos, a pulir teorías. Basta con plantearlas y, por arte de magia, se convierten en verdades.

Y así, en lugar de ir a un estomatólogo, me paso por el chamán y que invoque unos espíritus. Y así, en lugar de echarle la bronca al hijo por extorsionar a su compañero de escuela, lo que hacemos es culpar a la víctima y decir que si no se sabe defender, que espabile.

Así nos va.

Os retiráis de la batalla. Por ahora, no podéis ganar y aunque los demonios mueren fácilmente, pronto se recuperan y retornan al combate. Hay que buscar el modo de destruirlos para siempre o todas las batallas serán inútiles
El Amo del Calabozo

2005-08-01 10:13 | Categoría: | 3 Comentarios | Enlace

Referencias (TrackBacks)

URL de trackback de esta historia http://laberintoposmo.blogalia.com//trackbacks/32047

Comentarios

1
De: diana gomez Fecha: 2007-05-18 17:34

hola quisiera saber en donde puede ver a un chaman para que me aclare unas cosas de mi vida



2
De: david Fecha: 2008-03-03 11:52

me gustaria sabe s los internos pueden tene movi dentro de las istalaciones de un reformatorio y por que y su horario del dia a dia desde que se levanta asta su acoste y s uno pide permiso de fin de semana s se lo dan y s dentro pueden tene ordenadores propios y cosas de valo y dinero gracias anticipadas



3
De: El Amo del Calabozo Fecha: 2008-03-04 00:45

Un reformatorio no es un campo de concentración. Ni siquiera es una cárcel. Es un centro educativo donde los alumnos cumplen medidas judiciales.

De todos modos, esa información que pides está publicada en la Ley de Responsabilidad Penal de los Menores de 05/2000, en la modificación a la misma aprobada en el año 2007 y en algunos decretos posteriores que la perfeccionan. Cualquier otra información, violaría el secreto profesional.



Nombre
Correo-e
URL
Dirección IP: 54.198.108.19 (519c7a46e7)
Comentario
¿Cuánto es: mil + uno?

		

Archivos

<Noviembre 2017
Lu Ma Mi Ju Vi Sa Do
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30      

ARP-SAPC

Siempre Ganamos Algunos Euros.

Blogalia

Blogalia