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Chivatos por SMS

¿Adónde vamos a ir a parar? ¡Esto es de vergüenza! De esta sociedad actual al 1984 de George Orwell, no hay ni un pasito ni medio. Lean si no, la siguiente noticia.

Por todos los demonios, ¿es que es tan absolutamente necesario tener a los hijos encadenados al pupitre? ¿Acaso las nuevas generaciones se verán con implantes para ser controlados por GPS o vigilados por helicópteros que sobrevuelen los institutos en busca de posibles escapadas a los recreativos?

Cuando yo era un adolescente, aquello era el desmadre. Nadie controlaba la entrada ni salida de alumnos del instituto, así que nos pasábamos las tardes en el bar, jugando al tute, o en el parque, o en cualquier sitio salvo el aula. Eran tiempos hermosos, en los que aprovechábamos para aprender lo que jamás nos enseñarán en ninguna asignatura. Aprendíamos lo que es el amor, el desamor, la amistad, la enemistad, el rencor, el perdón y la (des)vergüenza. Aprovechábamos ese tiempo entre clase y clase, entre Literatura y Matemáticas, para aprender a besar, a soñar, a disfrutar, a sufrir y a cabrearnos. Nos divertíamos y nos aburríamos, aprendíamos a distinguir entre los colegas, los conocidos, los compañeros, los idiotas, los enemigos, los que pasan de todo, los que me la sudan y los que molan. La compleja categorización social se aprende fuera de las aulas. No es lo mismo un amigo que un colega, que un amiguete, que un compañero. ¿En qué libro de texto aparece la diferencia? ¿Qué diccionario distingue entre "mi novia", "mi chica" y "mi pareja"? Pues hay diferencia, aunque académicamente puedan parecer sinónimos. Aprendimos a hablar: ¿en qué libro de lengua aparece la jerga juvenil? ¿En cuántos sesudos libros de la biblioteca viene claro lo que duele una patada en la entrepierna, o hacerse un esguince, o ver a la novia enrollándose con otro? En ninguno. Y faltando a clase, aprendimos a divertirnos, a caer y a levantarnos, a sufrir y a gozar. Aprendimos a controlarnos en la bebida porque cogimos una melopea que para qué queremos más y aprendimos a liar un porro porque un chico nos enseñó mientras deberíamos estar en clase de historia.

Creo que al adolescente hay que vigilarlo, porque es fácil desmandarse cuando se tienen dieciséis, las hormonas están completamente descontroladas, quieres experimentar, quieres dártelas de listo y de valiente, te crees el ombligo del mundo y, además, la novia te ha dejado. Es una época jodida y yo sé bien las consecuencias de no tener controladito al adolescente, pues para algo trabajo donde trabajo. Pero de ahí a que el profesor envíe por SMS a sus padres cuándo ha faltado a clase el chico, hay un abismo.

La adolescencia es la época de ser rebelde y de protestar por todo. Es la época de resistirse, de vislumbrar la posibilidad de ser libre del todo, de hacer lo que luego no te atreverás a hacer. Si ahora controlamos a nuestros hijos y nuestros alumnos de ese modo tan brutal, les estamos privando de algo que es más importante que saber solucionar ecuaciones de segundo grado o conocer los motivos de Alemania para entrar en la Primera Guerra Mundial: estoy hablando de aprender a vivir, aprender a apechugar con los errores propios y extraños, aprender a conocer a los demás, sufrir nuestra primera desilusión sentimental, escuchar los consejos y las paridas de los amigos... No hay nada en todas las reformas educativas que ha sufrido este país nuestro, nada en todas las asignaturas, ni en las transversales, ni en ningún libro de texto o plan de estudios que incluya ese aprendizaje, porque no es posible aprender en abstracto ese tipo de cosas. Se deben aprender in situ, a lo bestia. Solamente cuando una chica te deja plantado aprendes a sobrellevar la frustración sentimental. Solo cuando te has agarrado una borrachera en el parque y los colegas te llevan a casa, aprendes a sopesar hasta qué cerveza puedes beber. Solo cuando has visto, escuchado, paladeado, experimentado, palpado la vida social real, estás preparado para vivirla.

Y todos los meapilas que, en el nombre de la seguridad y la educación de sus hijos y alumnos, se empeñan en atarlos de pies y manos, vendarles los ojos para que no vean y taponarles los oídos para que no escuchen, pueden irse a hacer puñetas de mi parte. Porque no es posible crear hijos sanos, ni alumnos preparados, ni ciudadanos responsables, a menos que éstos sepan de qué va la sociedad. Y la sociedad no es solo estudiar, aprenderte sustantivos, adjetivos o conjuugaciones verbales. Tampoco es solamente aprender países, compuestos químicos u operaciones aritméticas. La sociedad es relacionarse, discutir, amar. La sociedad es ser cómplice, saber guardar secretos, tener anécdotas que contar, revelarse como uno mismo, lanzarse a la piscina, volverse loco en un momento dado, llorar, gritar, reír, sangrar, dolerse, desaparecer y retornar como si nada. Todo eso es vivir, vivir en sociedad, todo eso es ser un ser humano. Y no hay asignatura que cubra ese aprendizaje que nosotros pudimos obtener porque, de cuando en cuando, no íbamos a Educación Física y nos dedicábamos a beber unas cervecitas en la terraza frente al instituto.

Porque la educación no solamente se produce en las escuelas, porque la educación es una transmisión de valores y conductas, de constructos sociales que no se pueden resumir en libros de texto, ni evaluarse en un examen. Piénselo bien. Se dará cuenta de que convertir a nuestros adolescentes en esclavos del sistema educativo no puede llevar a nada bueno.

El Amo del Calabozo

2005-08-31 09:52 | Categoría: Educación | 2 Comentarios | Enlace

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Comentarios

1
De: BioMaxi Fecha: 2005-08-31 11:31

Cuando yo iba al insti, se pasaba un parte de faltas y era obligación del tutor notificar a los padres cuando se acumulaban las faltas. Entre eso y el SMS inmediato no veo diferencia, al fin y al cabo es responsabilidad de los padres decidir si reprender en absoluto al chaval o encerrarle de por vida.



2
De: Luis Fecha: 2005-08-31 16:35

Hay que prestar atención al adoslecente, no atarlo para que no se mueva de su campo de visión. A mi siempre me preguntaron que tal el instituto y si tenía mucho trabajo, incluso podían deducir las notas por lo que yo estudiara ya que mi madre siempre estuvo encima mia para ayudar, nunca para retenerme. Ultimamente, los padres solo se preocupan por su hijo cuando ya no tiene vuelta atrás.

Equivocarse es de humano, pero no querer ni a tu hijo no es ni de bestias.

Todas estas medidas solo valen para que los viejos duerman tranquilo por la noche creyendo que hacen lo mejor para su hijo... aunke yo sigo pensando que siempre hay formas de escaparse :)



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