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Ley del Menor

El gobierno plantea una reforma de la Ley del Menor en breves y el tema levanta ampollas. No entiendo por qué, ya que los centros de reforma son sistemáticamente olvidados por todos los ciudadanos, incluso por aquellos que podrían ayudar a su mejora.

Trabajo en uno de ellos y sé de qué me hablo. Todo el mundo en Zaragoza sabe dónde están las cárceles más cercanas (Zuera y Daroca, respectivamente), pero casi nadie sabe decirme dónde está el reformatorio. De hecho, la gente sabe dónde estará el nuevo, ése que llevan un año y medio diciendo que en tres meses nos trasladamos allí. Pero ni idea del actual. Tampoco saben qué hacemos allí con los chicos, ni importa a prácticamente nadie. Cuando se habla sobre nuestro trabajo en el centro, solo hay dos posibilidades: o el otro nos considera unos ingenuos que intentan reformar lo irreformable o bien nos consideran unos carceleros que maltratan a pobres niños descarriados.

Sinceramente, ninguna de las dos opciones está muy lejos de la realidad. Delimitan los dos extremos del amplio espectro que es el trabajo de un centro de reforma. Somos ingenuos cuando confiamos en algunos de nuestros chicos, pero siempre lo hacemos mirando con el rabillo del ojo y sabiendo que caer es fácil y levantarse, costoso. Y sí, hay ocasiones en las que fastidiamos a nuestros chicos, en las que les presionamos un poco a ver qué tal responden, en las que los sacamos de sus casillas con nuestras indicaciones, nuestras normas, nuestra forma de ser.

La reforma plantea que algunos jóvenes puedan ser encerrados en cárceles a los dieciocho --contrariamente a la ley actual, según la cual alguien condenado por un juzgado de menores puede permanecer en un centro de reforma hasta los veintitrés años-- en función del delito cometido.

Solo tengo algo que decir al respecto: en mi centro de reforma tenemos varios casos de chicos mayores de veinte años que llevan en el centro cuatro o cinco años. Cometieron delitos muy graves en su momento, con quince o dieciséis años, pero ahora tienen unos pocos más. El mismo joven que se autolesionaba para poder salir del centro de reforma, el mismo joven que se amotinaba y se encerraba en un patio hasta que la policía venía a reducirlo, ahora es un hombre que sonríe y habla. Ha aprendido a leer y a escribir. Está saliendo con una chica y canta en un grupo de flamenco que han organizado dentro del centro. Es el mismo porque en el carné de identidad viene el mismo nombre, pero no se parece al que era.

No puedo asegurar que este chico --hay otros ejemplos, no es un caso aislado-- vaya a convertirse en Ciudadano Modelo precisamente. De hecho, creo que si sale a la calle volverá a delinquir, pero déjenme decirles que si hubiera ido a la cárcel a los dieciocho, ahora mismo estaría muchísimo peor y la puesta en libertad sería mucho más peligrosa para cualquier ciudadano. Dudo mucho que hubiera aprendido a leer, a sonreír y a comportarse dentro de una cárcel de mayores.

En las cárceles no hay educadores que te den palmaditas en la espalda o te sancionen cuando es necesario, ni vigilantes de seguridad que hablen contigo de coches, de chicas o de lo que sea, ni maestros de taller que se te lleven durante la siesta para pintar una habitación o reparar algunos muebles.

La cárcel son palabras mayores. Son centros de hacinamiento donde se mete a los que amenazan al resto de sus conciudadanos. Independientemente de su intención explícita, la verdad es que raramente reforman, salvo por el viejo método del gato que huye del agua fría. En los Centros de Reforma, funcionen bien o funcionen mal, sean perfectos o desastrosos, las cosas son diferentes. Hay castigo, sí; imbécil sería de negarlo, pero también recompensa.

Muchos chicos, cuando se les da la libertad, salen del centro llorando, abrazando a los educadores y a los coordinadores. En muchas ocasiones, regresan a éste de visita y en más de un caso siguen en contacto con algún educador del centro. Y si te los encuentras por la calle, te saludan con cariño.

Eso no creo que pase con los funcionarios de prisiones, sin pretender decir que éstos sean malvados o crueles. Son vigilantes, no educadores. Un joven que mata, que viola, que agrede, que roba, que trafica, necesita educación, no segregación. De eso, ya han tenido suficiente en muchos casos.

Y si el joven no aprovecha la oportunidad, entonces la cárcel puede ser un disuasorio de última instancia. Pero no la conviertan en el destino principal, porque no serviría nada más que para incrementar el número de fracasos escolares, sociales y políticos de este país. Casi todos los presos de las cárceles son eso: fracasos de esta sociedad.

Quizá mis compañeros educadores, psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, orientadores laborales, maestros de taller y vigilantes de seguridad seamos la última barrera entre ese fracaso y un acierto.

Si ahora la ley quiere lo contrario, entonces lo acataremos, pero habrá que ver si es eficaz.
El Amo del Calabozo

2005-09-13 01:00 | Categoría: | 7 Comentarios | Enlace

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Comentarios

1
De: Guille Fecha: 2005-09-13 05:15

Bueno, como casi siempre, de acuerdo contigo, pero con matices. Sí es cierto que en muchas ocasiones un joven de 22 años está mejor, y va a ser más fácil que se integre en la sociedad, en el reformatorio que en la cárcel. Pero tanto tú como yo hemos visto casos de chavales de 22 años que lo único que hacen es entorpecer el trabajo con los otros menores más jóvenes. Vamos, que no pintan nada ahí.

Qué hacer. Una opción sería que la ley del menor siguiera como hasta ahora, pero introduciendo una novedad; que, de acuerdo con los informes de los educadores, psicólogos y equipo técnico en general, un menor pueda ser derivado por el juez de menores hacia la cárcel a partir de los 18 años, pero que si se considera adecuado para su progreso pueda permanecer en el reformatorio hasta los 23 años.



2
De: Akrog Fecha: 2005-09-13 10:35

Totalmente de acuerdo con Guille.

Conozco de cerca una fiscalía de menores, y hay chavales que realmente mejoran al alejarse de sus problemas (familia, entorno, ...), pero hay otros que...

Lo que no puede ser es que un chaval que delinque habitualmente, lo más que le pase es que le metan en un centro de régimen abierto, cuando no le dejan directamente a disposición de los padres o tutores. Ésos lo que aprenden es que son inmunes a la ley, y al cumplir los 18 se encuentran que por robar un coche, les caen 2 años.



3
De: El Amo del Calabozo Fecha: 2005-09-13 19:01

Akrog: "Ésos lo que aprenden es que son inmunes a la ley, y al cumplir los 18 se encuentran que por robar un coche, les caen 2 años".

Una de las cuestiones más candentes es la diferencia de medidas entre el código penal y la Ley del Menor. Los propios chicos del réfor dicen que, si te meten menos de nueve meses, no hacen nada contigo. Y el trabajo del educador es lento por sistema, así que con tres meses de cautelar no haces más que mantenerlo encerrado y poco más. Si esas condenas pequeñas pudieran hacerse de otro modo --medidas de trabajos a la comunidad, por ejemplo-- y cuando un chico entra al reformatorio lo hiciera como mínimo por un curso lectivo entero, seguramente haríamos más por él que en el estado actual.



4
De: Aflein Fecha: 2005-09-13 20:09

Pregunto, que soy muy ignorante
¿A ningún pergeñador de leyes se le ha ocurrido preguntaros a los expertos en el asunto?
¿Por qué ya no hay debates en televisión con expertos (expertos o, al menos, listillos), no con histéricos pro-x y anti-x?
¿Por qué ya no hay debates?



5
De: El Peatón Fecha: 2005-09-14 00:19

El gobierno dirá que ha hecho una gran ley y la oposición dirá que es una basura.

Algo es evidente: no sabemos qué hacer con los que están fuera de la ley, y me parece que encerrarlos no es una forma de venganza ni de reinserción social, simplemente se les encierra para no verlos porque no saben qué hacer con ellos.



6
De: jose Fecha: 2005-09-22 02:44

¿Qué se hace con los incurables?



7
De: marta Fecha: 2006-07-13 14:41

tengo alli dentro a una persona y sinceramente creo que es una manera de tapar los ojos a los padres, creo que una vez que entran ya no salen de esas espirales que los llevo alli dentro, cambia...si, pero no como deberian, se enorgullecen de los actos que han echo, son sus pequeñas batallitas, y al final hay un porcentaje alto que consiguen su cometido...seguir comportandose mal. Os prometo que cuando salga y pasado un tiempo os contare si me equivoco o no, sere sincera y si tengo que pedir disculpas no vacilare en hacerlo



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