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La Iglesia se presenta a las Elecciones


Miren ustedes. Hace doscientos años, hubo un grupo de tíos que se liaron la manta a la cabeza y decidieron cortar cuantas encontrasen por el camino. De haber sido la Revolución Española, habríamos dado el paseíllo o habríamos dado garrote a los aristócratas, pero en Francia son como más elegantes y los pasaron por la Guillotina. Incluso a su inventor, el pobre, que solamente quería cortar puros.

El caso es que aquella Revolución, como todas las demás, se convirtió en un fiasco tremendo en el que todo el mundo sospechaba de todo el mundo y todo cristo era más papista que el papa. Vamos, lo consabido de "Frente Judaico Popular... ¡Disidentes!", pero pronunciando la erre como si fuera una g asfixiada.

Pero algo nos ha quedado. Aquel lema de Libertad, Igualdad y Fraternidad, por ejemplo; o la idea general de que los hombres, por sí solos, podían ser sus propios pastores y guiarse a sí mismos. Eran ideas realmente revolucionarias.

Con esas ideas en la cabeza, a la Iglesia se le despojó --lenta e inconclusamente-- de sus privilegios políticos y sociales. Se le expulsó de los órganos de decisión y se les relegó a su lugar: los templos. Podían decir lo que quisieran, pero como cualquier otro ciudadano, ateniéndose a la ley imperante. Eso sí, resultaba que la Iglesia mantuvo algunos privilegios incomprensibles, especialmente en países ajenos a la Francia donde se forjó esa intentona de laicismo político.

En algunos países, la Iglesia recaudaba dinero del erario público, en otros el propio jefe de estado es cabeza del clero y guía espiritual de los feligreses... En fin, cada cual se lo monta como puede, ¿no?

Vale, pues resulta que ahora, doscientos años después, los descendientes de esos que sufrieron al traicionero Fernando VII y su regreso al medievo, los hijos de los que tuvieron que morderse la lengua durante cuatro décadas, los que hemos sobrevivido a una transición que pudo acabar como lo de Puerto Urraco pero que acabó como el rosario de la aurora, a un felipismo tan traicionero y repudiable como lo del Fernando de antes, a un aznarismo que dio alas a unos obispos repletos de mala baba y resentimiento, los que hemos conseguido --o hemos heredado de los anteriores- que el ejército sea profesional y no de reemplazo, los que hemos conseguido que haya divorcio, aborto gratuito con condicionantes, libertad religiosa, matrimonio civil y hasta matrimonios homosexuales, nos tenemos que encontrar con cosas como ésta en un país que está tan cerca que asusta.

Si la Iglesia pretende retomar su poder político --¿acaso lo soltó alguna vez?-- y el sesenta por ciento de la gente dice "pues vale", es que en Europa esto de la democracia no ha cuajado del todo. Seremos demócratas todos cuando nos pregunten, pero ponemos en peligro la democracia con nuestra ignorancia y nuestra incapacidad para prever las consecuencias de nuestras propias decisiones. La Iglesia, cada vez que ha podido acceder al poder, se ha adueñado de todo cuanto ha podido, ha metido su enorme multicefalia y su hipnótica mirada en todos los rincones. Jamás la Iglesia, como estamento, ha apoyado un alzamiento popular contra un dictador --al menos que yo sepa y que alguien me corrija-- ni ha movido un dedo por garantizar la seguridad, la paz, la felicidad y la libertad de nadie que no pudiera ofrecer un sabroso óbolo en la misa de turno. Sea misa, sea culto de oración, sea lo que sea... Nunca. Y, por favor, corríjanme, que sería para mí un placer descubrir una faceta nueva en esta institución que tan mal rollo me da y que tantas y tantas veces veo tratando de meter sus narices donde nadie le ha llamado.

El aleccionamiento religioso en los colegios concertados de España es una vergüenza sin parangón en todo el mundo. La iglesia se aprovecha de los impuestos españoles para subvencionar sus programas educativos, los cuales raramente están diseñados para darle al alumno libertad religiosa. He vivido uno de esos colegios y sé lo que me digo. Soy maestro de primaria --por titulación, ya que no por oficio-- y he leído mucha morralla católica en textos presuntamente educativos. Departamentos de Religión en las Facultades de Educación, titulaciones de "Maestro de Religión" para las que necesitas el visto bueno del arzobispado y sin las cuales no hay quien trabaje en ciertos colegios concertados. He visto demasiada religión en la educación.

El poder político en España está saturado de Religión y en Italia la cosa se pone feísima con las siguientes elecciones. Y a mí, todo esto, me da una sensación de alerta apabullante. Las orejas desplegadas completamente, a ver cuándo escucho el pistoletazo de salida. Después de ver a Rouco Varela manifestándose como un rojo peligroso, me alegré muchísimo, pues era un verdadero gozo verlo allí, teniendo que rebajarse al populismo de las masas cabreadas, cuando ellos habían sido los que se sentaban a la diestra del Generalísimo a ver a los barbudos y melenudos ser apaleados por los grises. Fue una escena preciosa. Ahora, le dan la vuelta a la tortilla.

En Europa no debemos permitir que la iglesia --ni católica, ni protestante, ni na de na-- quite el puesto a políticos que busquen soluciones. Jamás la iglesia dio solución a nada, simplemente, planteaba las preguntas de modo que nadie pudiera responder salvo lo que ya se había instruido. Jamás un gobierno que tuviese por mano derecha a la Iglesia fue un gobierno democrático, igualitario, solidario y progresista. Y si pueden corregirme, háganlo, insisto.

Tengamos mucho cuidado, pues cuando las barbas de tu vecino veas cortar... ya saben.
El Amo del Calabozo

2005-09-29 21:47 | Categoría: Religiones | 2 Comentarios | Enlace

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Comentarios

1
De: Lobo Gris Fecha: 2005-09-30 01:53

Debo decir que a mí la idea de la Iglesia, y de la religión en general, me da un "mal rollo" apabullante, y lo que está sucediendo en Italia me asusta.
Las religiones, aunque hablaré de la Iglesia ya que es el caso que hemos vivido y vivimos, y que nos cae más cerca y más conocemos, escasas veces han traído nada bueno a ninguna sociedad.
Me resulta demasiado evidente la hipocresía, ansia de poder y de control, e interés por el lavado mental, de esa Iglesia (y digo Iglesia, no de todos los católicos o religiosos).
A veces pienso que es increíble que todavía haya gente que dé soporte a esta macrosecta, cuando no hay más que revisar por encima la Historia para que salte a la vista que la Iglesia ha sido un sumidero de ambiciones, egoísmos, mentiras e injusticias; una fuente de perpetua ignorancia y freno a la evolución de la sociedad.
Miedo me da. Miedo, que la Iglesia salga de los templos... una vez más.



2
De: Gonzalo Fecha: 2005-09-30 10:07

Estoy completamente de acuerdo y creo que describes perfectamente la situación. La pena es que seamos tan pocos los que lo veamos así.



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