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Chimpancés razonando y el Amo divagando...


Toma ya... Ahora resulta que los chimpancés son más originales, más atrevidos, más librepensadores que los niños pequeños. Vamos, lo que cualquier maestro con un poquito de mala sombra te puede decir por pura experiencia, pero demostrado con experimentos, que siempre es mejor.

La base de la sociedad humana, al menos hasta hace apenas quinientos años, ha sido precisamente que lo que funciona, no debería cambiarse. Y es una base bastante buena si se trata de cosas como "no te tires de más alto que tu propia altura" o "no te comas este tipo de bayas porque dan cagaleras", pero para todo lo demás, es una verdadera bazofia de metodología.

Tradiciones que se perpetúan con los años a pesar de su ineficacia, tenemos cincuenta mil en cada etnia. Somos la especie más dotada para pensar, pero también tenemos millones de años de evolución detrás de nosotros que nos atan a primitivos comportamientos, como el aprendizaje por observación.

El aprendizaje Vicario, que es como los psicólogos llaman a veces a este modo de captar información, procesarla y hacerla propia, es el más simple de todos los aprendizajes sociales. Alguien puede aprender por ensayo y error (este sí que es el más simple de todos los aprendizajes) o por experimentación (un modo perfeccionado de ensayo y error), alguien puede aprender por repetición (el viejo truco de repetir el número de teléfono hasta que encuentras un boli para apuntarlo) y por deducción. Podemos aprender de muchas maneras pero qué duda cabe que mirando al otro, se aprende de maravilla.

Lo malo está cuando este método no conlleva una crítica detrás. Cada vez que alguien hace algo y nosotros nos fijamos, lo que hacemos es luego repetirlo igual, en lugar de probar una alternativa más eficaz. Cuando entramos en una cocina y alguien está preparando un guiso, miramos los ingredientes, controlamos el tiempo y el orden de las diferentes acciones y luego comprobamos el resultado. A nadie se le ocurre pensar: "Rediós, ¿para qué demonios cuece las patatas en lugar de...?". Es raro que alguien, a la primera de cambio, decida dudar de lo que ha visto.

¿Qué habría sido de la humanidad de primar el sentido crítico sobre la tendencia a imitar conductas? ¿Qué clase de maravillas y desastres habríamos podido realizar? ¿Seguiríamos aquí o nos habríamos exterminado por cometer errores garrafales?

A estas cuestiones de carácter antropológico se antepone otras de carácter psicológico: ¿hasta cuándo dura esto? ¿En qué momento del desarrollo el ser humano deja de tener confianza ciega en sus predecesores? ¿Por qué puñetas los dóciles niños se vuelven rebeldes adolescentes y luego se tornan sumisos adultos y, por fin, refunfuñones ancianos? Quizá el orden de estos procesos mentales sea adaptativo. Quizá si una especie fuese sumisa en la infancia, dócil en la juventud y rebelde en la adultez no llegase a sobrevivir mucho tiempo. O quizá, solo quizá, sea la educación quien promueva este modo de ser.

La cuestión se torna pedagógica: ¿hacemos bien nuestro trabajo como educadores, maestros, padres, profesores o tutores? ¿Debemos potenciar esa tendencia a la imitación, a la copia acrítica, a la tradición irracional o debemos, por el contrario, obligar a nuestros alumnos, hijos o tutelados a cuestionar nuestro modo de hacer y deshacer? ¿Podríamos enseñarle matemáticas a alguien que se dedicase a buscar maneras más sencillas de resolver inecuaciones o calcular con matrices? ¿Seríamos capaces de aterrizar un avión si el que pone las bombillas en la pista se dedicase a investigar cómo iluminar lo mismo con menos lámparas? ¿Dónde está el límite? ¿Qué hay que cuestionar y qué es mejor dejar como está? ¿Más vale malo conocido que bueno por conocer?

De hecho, ahora que me pongo, ¿cuántas cosas he aprendido únicamente mirando? No tengo muy claro si la primera vez que abrí una botella con tapón de rosca lo hice porque me senté delante de ella y probé a girar el tapón o porque vi a algún adulto hacerlo antes y copié el sistema. Es desquiciante plantearse las cosas más nimias, más triviales y cotidianas, porque da un poco de grima darse cuenta de lo simplones que somos en esencia. Nos gustaría creernos racionales al cien por cien. Nuestro cerebro dispone de una parte que es capaz de crear, inventar, componer, desarrollar y descubrir, pero tenemos un buen montón de conductas sacadas de esa parte del cerebro que tienen también el resto de los animales.

Un niño pequeño es una esponja conductual. Mira y aprende. Se fija un poco y ya está. Salvo por cuestiones como el Síndrome de Falta de Atención, los niños son los que aprenden con más facilidad. ¿Cuántas veces nos hemos maravillado ante un crío que jugaba a la Playstation con una habilidad pasmosa? ¿Cómo demonios ha aprendido éste que pulsando equis-círculo-equis-cuadrado la nave dispara a la torreta y esquiva el misil? Bueno, la verdad es que mirando cómo lo hace otro, se aprende mejor que probando una y mil veces hasta que te dan ganas de tirar el puñetero mando ergonómico por la ventana.

Imitación y Razonamiento Crítico. ¿Se puede tener el segundo sin pasar antes por el primero? ¿Sería deseable? Como maestro, me siento obligado de algún modo a plantearme estas cosas y como escéptico militante, debería cuestionarme cosas como si merece la pena robar a los niños esa fase para meterlos de cabeza en un mundo dominado por la crítica. Quizá solo cuando has pasado por una fase crédula aprendes a apreciar del todo tu escepticismo y quizá solo cuando has mantenido un dogma valoras de verdad haberlo cuestionado. De hecho, solamente puedes considerarte afortunado de ser incrédulo cuando antes te la han dado con queso, ¿no creen? Y voy a dejarlo, que me largo por los cerros de Úbeda y no hay quien me pare.

Coño. Desde que soy padre, estoy que no me aguanto ni yo...
El Amo del Calabozo

2005-12-15 19:50 | Categoría: Educación | 3 Comentarios | Enlace

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Comentarios

1
De: Eduardo Cabrera Fecha: 2005-12-15 21:06

Tb me apena la pérdida de ingenuidad que para los hijos supone su crecimiento y educación. La última de uno de los míos: hace unos días me dijo que él pedía deseos pero que estos no se cumplían. :-

Se lo expliqué y creo que le sirvió para entender mejor cómo son las cosas, pero esa ilusión ya la ha perdido. En fin...



2
De: malambo Fecha: 2005-12-15 22:16

Una cosa que molesta mucho a los posmodernos, pero se me escapa la razón del mosqueo, es que los chimpancés tienen cultura propia y respetar tradiciones. Ahora eso de razonamiento crítico en los monos, pues eso sí que no lo sé.



3
De: jose Fecha: 2005-12-16 01:48

Para despojarte de cosas, o modificarlas o dudar de ellas, primero debes tener cosas. Por ejemplo, uno no puede variar una canción a su gusto si primero no ha aprendido a tocar la canción original.

Sería algo como "mira, así es como lo hacemos por ahora. Yo te lo enseño, y si cuando lo domines se te ocurre una forma mejor, ¡enséñanoslo!"



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