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Ratzinger y el Sexo

No, si es que somos unos mal pensados. ¿Cómo es posible que hayamos tenido la imprudencia de decir que la Iglesia Católica odia el sexo? El Papa Ratzinger (único papa que yo sepa, aparte del Papa Luna, al que se le nombra más por otro nombre que por el que escogió, pero en fin) se le ha ocurrido que mediante un bonito escrito podía convencernos a todos de que, en realidad, la fe católica y una sexualidad plena caminan de la manita.

La Iglesia prohíbe a sus principales dirigentes y ejecutores, así como a la servidumbre más cercana (es decir, a los curas y las monjas) practicar sexo. Ningún tipo de sexualidad, además. Nada de pensamientos impuros siquiera. Pero no es que lo odien, no, es porque les encanta.

A sus seguidores les recomienda el uso del sexo, pero solo en las condiciones más primitivas y peligrosas: a pelo, con dos cojones, en la era del SIDA y de la superpoblación, resulta que usted recomienda ir por ahí sin capuchón y recibiendo a los hijos con resignación disciplinada. Ama usted tanto el sexo que recomienda a la gente que se arriesgue a todo por practicarlo.

Por supuesto, el sexo ha de ser únicamente genital. ¿Qué es eso de emplear otras partes del cuerpo que no están hechas para tal fin? La boca se hizo para hablar, para cantar en misa y para comer. Las manos tampoco se hicieron para practicar sexo, se hicieron para otra cosa. Además, como esto lo hacen también los chimpancés, esto es comportarse como animales. Y como nosotros solamente aceptamos la Evolución porque nos viene bien y no por convencimiento, eso de que se nos equipare a los demás animales no nos hace mucha gracia. ¡Y no hablemos ya de rectos y anos, que me pongo enfermo! Sodomía. Esa es la palabra, lo cual tiene que ver con el azufre y las columnas de fuego, no con la sexualidad. Porque el Señor no destruyó Roma, donde estaba la corrupción política; tampoco destruyó Babilonia, donde estaban los paganos; ni destruyó ninguna otra ciudad que no fueran Sodoma y Gomorra, donde lo que pasaba era que había quien se lo montaba divinamente y le daba igual pelo que lana. Eso sí es motivo para freír cientos de personas y hacer churrasco de dos ciudades. Pero no odiamos el sexo por eso, no.

Frasecitas como "Esas mujeres, que tanto os gustan, por dentro no son más que tripas y mierda" o "un segundo de placer, una eternidad de padecer", que se decían en los Maristas donde una servidora estudió (tengo 31 años, estudié cuando este país ya era pretendidamente democrático, no te digo nada lo que dirían cuando aquí mandaba quien mandaba), son signo inequívoco de que la Iglesia y el sexo son vecinos bien avenidos. Desde luego, sin duda.

El sexo, además, es tan bueno que la gente tiene que reservarlo para el matrimonio y si no estás casado, no deberías practicarlo. Claro, que ir a misa, comulgar, confesar tus pecados y pagar cuando pasan el cepillo, eso no. Eso es bueno también, pero puedes practicarlo desde que naces, si quieres. Hasta que te mueras, no como el sexo, que en cuanto ya una no está para albergar fetos en su útero, debería dejar de practicarlo. Pagar en misa no, eso hasta el día en que casques.

El sexo es tan aceptado en la Iglesia, es visto con tanto cariño, con tanta comprensión y con tanta aceptación, que su presunto hijo de dios nació porque un espíritu con forma de paloma se coló por la ventana de una judía que decía ser virgen. No porque la tal María se diese un revolcón tonto con el tal José y mira tú ahora cómo explicamos el bombo, no. El sexo fue borrado de la historia de su dios y eso no es porque lo odian, sino porque les gusta a rabiar.

Papa Ratzinger, su predecesor hizo méritos al Cínico Número Uno de la historia, pero usted está que se sale también. Vamos, no me venda usted motos, que no tengo el culo para zanahorias.

Vamos a ver, alma cándida: la Iglesia, por fuerza, ha de ser antisexo. Primero, porque se basa en el Miedo y el sexo es todo, menos miedo. Quien practica el sexo, no puede temer a dios, porque dios no pinta nada en el momento de un orgasmo. Había que librarse del sexo, pero claro, si nos quitamos encima al sexo, nos quedamos sin feligreses en una generación, así que hay que hacer algo... cambiarlo. Cambiar el sexo por otra cosa, por una versión mínima de sí mismo, solamente aceptar el sexo que a nosotros nos viene bien y punto. Todo lo demás, no será sexo, sino depravación. Todo lo demás no será sagrado, sino impío. Hala, a ver, por el artículo treinta y tres, así, y si lo repetimos durante varios siglos, al final igual la gente lo da por cierto sin pensarlo.

Por eso, lo han enrevesado hasta la extenuación, hasta el límite de lo soportable. Nos han mezclado el amor y el sexo desde hace tanto tiempo que ya nos parecen indivisibles, cuando uno y otro no tienen nada que ver. Se puede tener amor sin practicar sexo y se puede practicar sexo sin sentir ni miaja de amor. De hecho, recomiendo ambas cosas para cualquier vida sana que pretenda ser mínimamente plena. Amen ustedes sin necesidad de sexo (como se ama de madre a hija o de amigo a amigo) y follen ustedes sin amarse, que también da gustito. Follar con amor, follar sin amor... Siempre me ha parecido una cosa de lo más imbécil relacionarlas ambas. ¿Sabe mejor la comida preparada con amor? Eso decía mi madre, pero las tortillas de patata del bar eran estupendas y el cocinero a mí ni me ama ni ná.

El sexo es una cosa y el amor otra muy diferente, así que esa mezcla, fruto de dos milenios de machacón adiestramiento, es falaz y demencial. Zapatero a tus zapatos. (¡Vaya! Se me escapó, yo que me había prometido no hablar esta semana del Estatuto...). A cada cual lo suyo: el amor tiene sus cosas, el sexo tiene las suyas y hay veces que un abrazo está muy bien y otras prefieres un buen caliqueño, ¿qué le vamos a hacer? Semos humanos, aunque Ratzinger pretenda hacernos a todos angelitos, querubines o serafines, aunque no queramos.

Y Sigmund Ratzinger (o Benedicto Freud, como prefiera), usa términos psicoanalíticos como "Eros" y hace bien. Hace muy bien porque, después de las Religiones, quien más sandeces y más barbaridades ha dicho sobre la sexualidad humana es la Religión Psicoanalítica. Y ya que nos ponemos, juntemos a todos los voceros de la sinrazón en el mismo lugar y que chillen juntos hasta quedarse afónicos. Religión y psicoanálisis. Menuda mezcla, como para echarse a llorar.

La Iglesia, en el Laberinto Postmoderno, está bien perdida. Perdida en su propia celda, la que ella misma se ha ido labrando con los años, poquito a poco, mientras veía pasar el mundo a su lado y se negaba a agarrarse del furgón de cola. Y ahora, el Papa Ratzinger, el Papa que salió de las filas del fanatismo ultracatólico para ingresar de lleno en el populismo vergonzante de su predecesor, nos viene contando historietas sobre erotismo como si los demás fuésemos idiotas y no nos acordásemos de la cantidad de veces que sus representantes nos han recordado que el origen de casi todos los males del hombre está en su entrepierna. Y la cantidad de veces que se nos dice que Adán y Eva, después de pecar por primera vez, lo que hicieron fue taparse los genitales por vergüenza. Y después de decirnos que la mayor de todas las pecadores, perdonada por Cristo en persona, no era ni un ladrón, ni un asesino, idólatra, mentiroso, envidioso o soberbio. Tampoco era un ser iracundo o criminal peligroso, ni un terrorista, secuestrador, violador o traficante de cualquier cosa, sino una prostituta. El pecado más importante, el pecado que hizo de María de Magdala alguien especial, era un crimen sexual. Y no, la Iglesia no odia el sexo, no. No lo odia. Solamente lo censura, lo coarta, lo convierte en algo apestoso que solamente hay que emplear de cierto modo y no de los demás, porque todo lo demás no es sexo, sino depravación, monstruosidad y bestialismo. El sexo de verdad es el sexo que se practica cerrando los ojitos, terminando pronto y dejándose de tonterías, sin más aliciente que dejar preñada a la parienta y llenar el mundo de posibles paganinis que acudan a misa a escuchar cómo se les está engañando pero bien.

Claro, que era de esperar que Ratzinger, a sus ochenta años, no liberalizase esto del sexo en la Iglesia. A ver si uno va a haber permanecido célibe ocho décadas y ahora va a venir convirtiendo el Vaticano en una güisquería.
El Amo del Calabozo

2006-01-26 09:05 | Categoría: Religiones | 3 Comentarios | Enlace

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Comentarios

1
De: Javitxu Fecha: 2006-01-26 10:57

plas! plas! plas! Genial!



2
De: Gilgamesh Fecha: 2006-01-26 13:56

La verdad es que el artículo es lúcido, y a la vez descojonante. Me ha gustado mucho.
Ah, y la alusión al psicoanálisis es otro puntazo. No hay mucha diferencia entre el psicoanálisis (no confundir con la psicología) y la religión. Aunque en ambos ámbitos hayan sobresalido pensadores habilísimos y a su manera lúcidos, no dejan de ser una tomadura de pelo.



3
De: Ana B. Medrano Fecha: 2007-02-14 22:45

Me encanto tu articulo...espectacular en todo el sentido de la palabra...que forma mas original y sicera de describir a una institucion que desde su aparicion no ha venido mas que a formanos barañas mentales a todos...
tE Felicito!!!



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