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Exclusión Social

Ayer hice referencia a un término curioso, cuando menos: Exclusión Social.

Llevo trabajando en este ámbito desde hace ya cuatro años, así que algo sé al respecto, aunque solamente sea porque me fijo mucho, que ya lo decían los Maristas cuando era un mozalbete imberbe.

Verán ustedes: la Exclusión Social me recuerda a ese viejo chiste de Mafalda en el que se decía que uno quería formar parte del montón de personas que no son del montón. Y me explicaré. ¿Qué personas están en riesgo de caer en la Exclusión Social? Pues, resumiendo, así, sin pensarlo mucho:

- Discapacitados físicos, psíquicos y sensoriales.
- Inmigrantes.
- Minorías étnicas (sean o no inmigrantes).
- Mujeres mayores de 35 sin experiencia profesional.
- Personas en rehabilitación de adicciones (ludópatas, toxicómanos, alcohólicos... todo menos exfumadores).
- Personas en situación de privación de libertad (incluyendo los que están en tercer grado, libertad vigilada o acaban de salir del talego).
- Parados mayores de 45 años o inferior a esa edad, pero sin prestación por desempleo.
- Jóvenes sin cualificación ni experiencia profesional.
- Familias desestructuradas (otro de esos conceptos en los que entra casi cualquier cosa), con antecedentes judiciales o de toxicomanía o prostitución.
- Personas que trabajan en la prostitución.
- Mujeres embarazadas o madres solteras.
- Cualquier persona que tenga a otros a su cargo, estando sola en la unidad familiar como miembro productivo de la misma, incluyendo ancianos, discapacitados o niños pequeños.

Seguro que si me lo pienso más, me salen algunos grupos que se me hayan olvidado.

¿Cuál es el problema? Pues muy sencillo: ¿seguro que ustedes no entran dentro de uno de esos grupos? ¿Cuánta gente de la que conocen, que se codea con ustedes día a día, podría perfectamente encasillarse en una de estas categorías?

Las ayudas sociales para acabar con la Exclusión Social, a estas alturas, debería quedarnos claro que han fracasado. Existen cientos, miles de fundaciones, organizaciones, ONGs, gente que trabaja día a día tratando de que obtengan vivienda, formación, trabajo, atención sanitaria, etc. Aún así, la lista de personas que es posible que caigan en la exclusión social, aumenta cada día. La desestabilidad a la que estamos abocados es cada día más amenazadora.

El Amo del Calabozo tiene 31 años, su puesto de trabajo no es en absoluto estable (contrato hasta fin de obra, que manda huevos cuando la obra consiste en ser maestro de taller de reformatorio), tiene una hija de dos meses y medio... Si mañana el Amo se quedase en paro, entraría fácilmente en esa lista anterior. ¿Realmente creen ustedes que el Amo del Calabozo está en riesgo de exclusión social? ¿Creen realmente que yo voy a acabar delinquiendo o mendigando para poder vivir? ¿Para eso he estado pagando impuestos, cumpliendo con mis obligaciones fiscales y aguantando cabronadas una tras otra, para que ahora, en cuanto me quede en el paro, se me incluya en esta lista fatídica?

El problema es que cualquiera puede reclamar una subvención, un trato de favor, una discriminación positiva, un empujoncito y que, de hecho, la mayor parte de los que realmente están en riesgo de exclusión social, ni aparecen por las oficinas. Hay que ir a buscarlos a sus casas, porque son gente que prefiere pasarlas canutas en privado a airear sus asuntos a una trabajadora social. Y no les puedo culpar por ello.

A mi despacho han acudido muchas personas. Algunas de ellas con verdaderos dramas humanos, pero otras con más cara que espalda. Familias enteras viviendo de cursos becados, de ingresos estatales o autonómicos por exclusión social y de la economía sumergida, sin ninguna intención de encontrar un trabajo digno jamás. De hecho, he conocido más de una familia que le preguntabas: "¿Dónde has trabajado?" y te daba una lista de centros de formación. Cuando les decías que no te refieres a hacer cursos y que te refieres a trabajos remunerados, con nómina y de todo, ponen cara rara y te dicen que ellos no trabajan, que ellos hacen cursos y les pagan. Asín vamos.

He conocido personas que, nada más empezar el curso de formación, te pedían un justificante de asistencia. Si se lo dabas, desaparecían y no volvías a verlo nunca. Con eso, lo presentan en la Diputación General de Aragón y se les conceden las ayudas autonómicas que andaban buscando. ¿Para qué seguir con el curso si era esto lo que yo quería?

El que realmente necesita la ayuda, tiene la vergüenza torera de pasarse la vida buscando trabajo y no de despacho en despacho contándole sus miserias a un orientador laboral. Quien realmente está apurado, no tiene tiempo de hacer cursos de formación o dedicarse a apuntarse a bolsas de trabajo. Quien realmente está necesitado, se pasa la vida echando currículos que él mismo se ha confeccionado, y no pidiendo justificantes para poder cobrar un ingreso mensual y poder estar un mes más de aquellas maneras.

Y, mientras tanto, usted y yo, trabajando para pagar una hipoteca y unas cuantas facturas de esas mensuales. Ya ven.

Que las ayudas a quien lo necesita no falten nunca, porque entonces habremos hecho de esta sociedad un infierno capitalista, pero va siendo hora de que alguien investigue cuánta gente está viviendo de las ayudas porque no piensa hacer otra cosa.
El Amo del Calabozo

2006-02-22 11:03 | Categoría: | 6 Comentarios | Enlace

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Comentarios

1
De: Eduardo Cabrera Fecha: 2006-02-22 18:23

Tienes toda la razón. He trabajado unos años en la Consejería de Asuntos Sociales de la Junta de Andalucía y he observado eso que dices. Cuántas personas están en casa, desconociendo o ignorando posibles ayudas, y dedicándose a intentar subsistir lo más honradamente que pueden.

Pero lamentablemente la investigación que pides no se hará porque cada gobierno (nacional, autonómico, local y de cualquier signo) genera un gran clientelismo electoral al que no está dispuesto a renunciar.

Y mientras sigamos estando los paganos de siempre, con hipotecas, irpf, indirectos y sobre todo vergüenza, pues les seguimos permitiendo que alimenten a ese tipo de clientela. Es un negocio redondo. Para ellos.



2
De: El Amo del Calabozo Fecha: 2006-02-22 19:17

Se me ha olvidado poner el motivo económico para esto en el artículo, pero es sencillo. Un curso de formación medio (250 horas de fontanería, por ejemplo), viene a costar unos 20.000 Euros totales.

Si la entidad que imparte el curso ha de tener, por ejemplo, 15 alumnos y 4 de ellos no acuden al curso o lo hacen irregularmente, a la hora de cobrar, la entidad no recibe los 20.000, sino una parte proporcional al número real de alumnos que tenía.

Como ninguna entidad quiere perder ese dinero, la solución es múltiple: se puede pactar con los alumnos rebeldes que vengan, echen la firma y se vayan, se puede echar la firma directamente y esperar a que no venga ninguna inspección. Que no suelen venir, por cierto y cuando vienen son fáciles de esquivar. Al fin y al cabo, siempre puedes decir que ha estado aquí el alumno misterioso hasta hace cinco minutos y que acaba de irse al médico, por ejemplo.

Así, todos contentos: el alumno caradura cobra su beca, puede seguir optando a la ayuda estatal o autonómica que sea; la entidad cobra su dinerito y la oficina de empleo se apunta un tanto más. Todos contentos, menos la dignidad de todos los que sí trabajamos para poder comer y la de los que, desgraciadamente, necesitan esas ayudas y no las reciben.



3
De: Eduardo Cabrera Fecha: 2006-02-24 16:55

Pero aunque el motivo económico que dices es cierto, es así, el fondo del asunto no es ese en el tema cursos. Si pudieras sacar unas estadísticas (y yo puedo hacerlo y por eso lo digo) de las entidades que más pasta se llevan en cursos, te darás cuenta que la parte del león del pastel de los cursos se lo reparten siempre las mismas, que contraponen su mordida habitual, la colocación de los familiares en sus filas, en sus consejos de administración. Te podría dar ejemplos de algunas que ni siquiera efectúan labor real alguna, que viven enteramente de las subvenciones y las fotos que se hacen los políticos al concederlas, y (ahora pienso en una concreta) que tienen plantillas de cargos y directivos en 3 ó 4 niveles y justo por debajo de ellos ¿qué? ¡pues 3 administrativos para gestionar subvenciones! Ni un indio ¿pa qué?



4
De: Gilgamesh Fecha: 2006-02-25 19:32

Por lo que tengo entendido, en mi comunidad sucede un hecho curioso, y es que todos los políticos afirman que es un modelo de organización de ayudas en ese sentido, pero los ciudadanos no nos creemos una mierda.

Según me cuentan compañeras que trabajan en esos ámbitos, parece que el rollo consiste en que te dan la ayuda pero sólo mientras no tengas trabajo. Cosa comprensible, ojo, pero fácil de inducir a picaresca. Resulta que la peña se dedica a cobrar la ayuda mientras se las arregla para trabajar en negro, para que no se la quiten. Claro, en cuanto trabajen más de 15 días seguidos, les quitan la paga que recibían por no hacer nada. Así que cada vez que les sale algo, se las arreglan para que les echen al poco tiempo o lo dejan ellos.
Seguro que esto no es nada nuevo. Así tenemos gente que no sólo cobra un sueldito a cargo de las instituciones (supongo que mísero, pero tal como están las cosas...), sino que también tiene ayudas para adquirir comida y bienes imprescindibles, y encima un sobresueldo a base de fregar escaleras o arreglar enchufes. Y mientras tanto otros que también necesitan las ayudas, a verlas venir. Los hay con morro.
Y muchas veces reconozco que los ayuntamientos e instituciones ofrecen ayudas que no están nada mal. Pero somos tan tontolabas que no las solicitamos. Así es como uno descubre que hay gente que está en el umbral de la pobreza sin saberlo, y sin pedir ayudas por no saber ni que existen.



5
De: a jierro Fecha: 2006-02-27 16:02

Aqui los que viven de verdad de la administración no son los gitanos portugueses, o los pobres negros que vienen en pateras, ni las familias que piden para dar leche a sus hijos y el salario social. Aqui los que de verdad se reparten el pastel son las entidades, ong´s, o como caraja se llamen.

Te juntas con un par de amigos con contactos (en ugt, en la administración de turno o con el partido político que venga a cuento), te montas un tinglao, que no tiene que ser nada del otro mundo (como mucho tener x metros y eso si, luz artificial), y a dar cursos, o lo que venga a cuento o esté de moda.

Las ayudas son una mierda, si la gente tuviera que vivir de ellas la llevaba clara. Yo que estoy trabajando en SS.SS. es la sensación que me queda. Llevamos 5 meses sin un € para emergencias, ni para emergencias, asi que no hay tanta gente viviendo de esto, por lo menos entre los usuarios.



6
De: Estefanía Fecha: 2006-03-03 11:17

Pues tendré que espabilarme, porque estoy al borde de la exclusión social y no consigo ni una sola ayuda ni un trabajo en condiciones.



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