Laberinto Postmoderno
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Carta a una hija

Mi muy querida Galadriel:

Menudo mundo estamos dejándote en herencia. Seguro que cuando tengas dieciséis años, me miras preguntándote qué demonios es lo que pasaba por la cabeza de los de mi generación para que las cosas estén como están. Yo pensé lo mismo, pero lo tuve más fácil, porque la generación de mi madre, tu abuela, era una generación sometida a una dictadura fascista. Si las cosas estaban mal, bastaba con echarle la culpa a Franco que, además, estaba muerto y no se podía defender. Ni falta que hace, que poca defensa tiene semejante asesino de masas, traidor a su patria y criminal de guerra y de paz.

Pero nosotros no tenemos excusa. Vivimos en democracia, hemos aceptado libertades y derechos, nos hemos ganado nuestras responsabilidades y hemos construido una sociedad donde la gente es libre de decir "Soy ateo" o "Soy anarquista". Podemos decirlo. Otra cosa diferente es que las cosas sean como a ti te gustaría que fueran.

Me gustaría que no hubiera guerras, ni crímenes, ni desigualdad, ni discriminación, ni guetos. Me gustaría que no hubiera ecólatras que desvirtúen la verdadera ecología, ésa que no es catastrofista ni populista. Me gustaría que no hubiera pseudomedicinas, ni psicoanálisis, ni videntes, ni periodistas que vivan de mentir a la gente, ni políticos que usen la mano para meterse en el bolsillo lo que no es suyo, pero todas estas cosas existen. Me gustaría que el Diseño Inteligente no existiera, que la gente fuese formada en ciencias, artes y letras por igual, que cada uno fuese libre porque su formación le haga libre. Me gustaría una universidad desvinculada del mercado laboral, hecha para aprender, discutir y razonar, para investigar y para mejorar, no para conseguir este o aquel puesto de trabajo. Me gustaría que la patronal, los grandes inversores, los industriales importantes, los enormes empresarios, se limitasen a ganar dinero y a darle al trabajador lo que realmente merece, no las migajas de lo que les sobra, y a regañadientes. Me gustaría que no hubiera torturas, secuestros legales. Me gustaría que no hubiera delincuencia, ni cárceles, en consecuencia. Me gustaría una sociedad no ya laica, sino atea, una sociedad donde la gente viese la religión como un hecho histórico, no como una realidad actual.

Te hemos dejado un mundo que da un poquito de grima, mi queridísima Galadriel, y tenemos la esperanza de que una generación venidera, quizá la tuya, quizá la de tus hijos si alguna vez lo tiene, nos perdone y solucione lo que nosotros no hemos sabido solucionar.

Pero preveo que estas cosas tienen poco arreglo. Somos seres humanos y, aunque desde cierto punto de vista un ser humano no es más que un montón de moléculas organizadas de cierto modo, desde otro punto de vista igualmente válido, somos unos tíos dados a meter el dedo en el ojo del prójimo cada dos por tres.

No pierdas la esperanza. Este es un mensaje que pretende todo lo contrario. Pretende que entiendas que merece la pena luchar, pero que también hay que saber reconocer la propia derrota y esperar el momento adecuado para retomar el combate. En todos los niveles. Llegará un día en que estudies y creas que tu profesor está equivocado, pero poco harás enfrentándote a él agachando la cabeza y cargando contra todas las consecuencias. Sé racional. Actúa pensando previamente y ten en cuenta los sentimientos propios y ajenos, piensa en que todo lo que hagas, tendrá efectos a corto, medio y largo plazo. Piensa en la gente a la que estos efectos pueden ocasionar problemas y, después de sopesar todo esto, procura hacer lo que, en conciencia, debas hacer.

Sé que es difícil. Sé que pido un imposible y que esto es tan utópico como la Nueva Atlántida de Bacon.

Pero sé también que en el fondo de eso que llaman el Espíritu Humano, está el germen de una sociedad en la que lo que yo he dicho antes tiene cabida.

No pierdas de vista el futuro, hija, porque te pertenece. Cuando tengas mi edad actual, el presente será tu reino y yo ya seré de los que solamente miran hacia el pasado. Así es la vida. Efímera, pero hermosa, es nuestra oportunidad de hacer algo.

No la desaproveches, pero tampoco intentes que pase demasiado deprisa. Las cosas, mejor con mesura.

Hantalë cariën nin aralassëa, hindinya.
El Amo del Calabozo^

2006-03-21 08:15 | Categoría: | 3 Comentarios | Enlace

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Comentarios

1
De: Lobo Gris Fecha: 2006-03-22 20:22

Vaya, tengo los pelos de punta. Cómo me hubiera gustado tener un padre que me escribiera algo semejante, y cómo me gustaría, aunque tengo la certeza que asi será, que Galadriel, algún dia, tome las riendas de ese caballo de batalla en el que tú trotas, y se lance con tu misma percepción, aunque ojos propios, al Laberinto Postmoderno.



2
De: descalza Fecha: 2006-03-22 20:51

Ojalá, tanto Galadriel como todos nuestros hijo/as, sean capaces de mejorar el mundo. Estoy de acuerdo en que la vida es de quienes luchan y salen a comérsela a cucharadas. ;-))



3
De: irene Fecha: 2006-06-16 21:37

hola de verdad que me dio mucho gustopoder leer està hermosa carta y como hija me di cuenta que mi mamà no es tan mala como yo creìa jajaj



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