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Fotoblog botellón

Al loro con esto:

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Y con esto:

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Miren ustedes: yo no tengo nada en contra de que una panda de adolescentes vaya a un super, compre unas cervezas, un par de botellas de algún licor y se largue a un parque a ponerse hasta las cejas. De verdad que no. Tendría que ser un auténtico hipócrita, porque yo mismo lo hice en infinidad de ocasiones en mi juventud, así que ahora les comprendo y hasta les apoyaría en caso de que me pidieran mi ayuda. Sí. Creo que los adolescentes tienen derecho a cogerse una cogorza de vez en cuando, ¡cómo no! También en mi época nos prohibían la entrada a los garitos, pero entrábamos de todos modos. Los que parecíamos mayores no teníamos problemas, pero como algún colega fuese de esos que crecen tarde, la habías cagado. Entonces nos quedábamos afuera y nos embolingábamos en el parque, como ellos. Y si tenías que entrarle a la morena de cuarto B, lo hacías con dos tragos encima, que siempre parece más fácil. Y en esos encuentros rehacíamos amistades, retomábamos viejas rencillas, ligábamos (o lo intentábamos), nos relacionábamos con los demás... en definitiva, nos hacíamos mayores. Aunque ya creyésemos que éramos mayores.

Puede parecer triste que un adolescente necesite unos tragos para tirarle los tejos a la chavala de turno, pero es así y ya me gustaría a mí pasearme por esos baretos casposos para divorciados de cincuenta y ver cuántos cubalibres se bebe el más pintado para sacar a bailar a una. Porque aquí todos pecamos de eso del ojo, la viga y la paja que dijo aquél. "Qué verguenza, los jóvenes borrachos perdidos", te dice el cincuentón que, con dieciséis, se metía en un guateque y salía a cuatro patas, echando hasta la primera papilla. Y el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

Pero hete aquí que una servidora se ponía hasta las trancas con los colegas, pero luego recogíamos las botellas y las metíamos en la papelera. Las colillas, iban todas dentro de un vaso o de la misma lata de cerveza. Intentábamos no molestar al resto del mundo y por nuestro lado pasaban los deportistas haciendo footing, las señoras con el niño y hasta los testigos de jehová, sin escandalizarse más que lo justo. Por supuesto, ni se nos ocurría dejar el parque como lo han dejado esta cuadrilla de hijos de mala madre, que ya es la quinta vez en lo que va de primavera. Solíamos emborracharnos sin molestar al resto del personal. Yo recuerdo que escondíamos las latas cuando pasaban niños pequeños y que la gente seguía estando en el parque, cerca de nosotros, sin temer por su integridad. Con estos malnacidos, es imposible pasear por el parque, es imposible acercarse a ellos. Son los amos del lugar. Se pelean, tirándose botellas y dándose patadas, aunque segundos después se abracen los unos a los otros como grandes amigos. Nadie en su sano juicio pasaría cerca de ellos, menos aún con un carrito donde dormita un bebé. La gente se concentra en los alrededores, los mira, se caga en su puta madre y sigue a lo suyo. Y la policía, esa que se apresura a multarte en cuanto paras en doble fila, esa misma que le da igual que llegues tarde al trabajo porque si tienes que soplar, soplas y punto, pasa de todo como de comer mierda. Mientras no haya sangre, les da igual cómo dejen el parque. Me consta de vecinos que han llamado protestando, pero que si quieres arroz, catalina. Luego, cuando una pelea se convierta en un crimen, la policía dirá que si verdes las han segado y que si la culpa es de los maestros y los padres. Sí, tendrán razón. Los hijos hacen porque los padres permiten, pero manda huevos que no se intervenga policialmente en estos casos repetitivos y flagrantes.

Lo que se ve en la foto, es habitual en frente de mi casa. Doce jóvenes, más o menos, a plena luz del día, borrachos como cubas, dejando todo el césped lleno de botellas, arrancando las papeleras y vaciándolas sobre la hierba e, incluso, tirándose botellazos y papelerazos los unos a los otros, que dan ganas de que se acierten de una puñetera vez y cometan una barbaridad. Al fin y al cabo, trabajo en el reformatorio y si pasase una desgracia, no me los quiero imaginar a esa cuadrilla de chulitos de barrio cuando los metan en una habitación con un verdadero delincuente. Porque esos de ahí no son delincuentes, ni criminales. Son gilipollas, nada más. Gilipollas con mala leche que viven una adolescencia de mierda marcada, precisamente, por la frustración y la indisciplina. Y una vez vino la policía, sí. Era un botellón nocturno, pero los chicos no se metían con nadie, no hacían ruido, no rompían nada, ni ensuciaron nada de nada. Entonces vinieron los nacionales y fueron a por ellos, los pusieron en rompan filas y se acabó la fiesta. Ignoro quién se quedó las botellas sobrantes, por cierto. Pero ahora, en vez de hacer el botellón de noche, lo hacen de día, por la tarde, así, con todo su morro. Y no viene ni dios. Y les da igual todo.

Así que, queridos jóvenes que reivindicáis el botellón: estoy de acuerdo con vosotros en que pagar tres euros por una cerveza es un delito vergonzoso. Estoy de acuerdo en que con dieciséis años no poder echarte unos tragos es exagerar la protección y, además, una prohibición inútil (como ilegalizar la marihuana, que esa es otra). Estoy de acuerdo en que tenéis todo el derecho del mundo a imitar el comportamiento de los mayores y hacerles ver lo hipócritas que son al prohibiros lo que ellos hacen con impunidad. Estoy con vosotros en todo esto, pero mientras me dejéis los parques hechos una mierda, mientras acojonéis a la gente con vuestra violencia gratuita y mientras no os comportéis como borrachos decentes, os pueden ir dando por el ojal a todos. Y, la próxima vez, seré yo quien llame a la policía.
El Amo del Calabozo

2006-06-12 06:55 | Categoría: | 4 Comentarios | Enlace

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Comentarios

1
De: Guille Fecha: 2006-06-13 06:14

¿Qué vas a llamar a la policía? Jodo, unos meses sin verte y ya ni te reconozco.

Dices que cuando éramos más jóvenes (que aún lo somos) limpiábamos todo y tal, pero eso lo hacíamos nosotros que estábamos muy concenciados y todo eso, pero creo que éramos de los pocos, los parques se quedaban hechos una puta mierda después de agarrar una ídem.

No sé, igual sería buena idea hacer una salida terapéutica con los de semi a ese parque para que los "verdaderos delincuentes" que dices tú les un sustito a esos gilipollas que ensucian el parque de al lado de tu casa.

Por otra parte, la esvástica que se ve ahí pintada no creo que sea casualidad. Supongo que esos de la foto son gilipollas por partida doble.

Si un día "jugando" a eso de tirarse botellas se habren la cabeza avisa que me beberé otra a su salud.



2
De: guille Fecha: 2006-06-13 06:17

Siiii, ya sé, antes de me crucifiques, se me ha colado un "habren" con h. Y es lo que pasa cuando le das al enter sin releer.



3
De: AsDePiqas Fecha: 2006-06-13 21:48

Me llamarás mentiroso y lo que te de la gana pero lo que te voy a decir es verdad del todo.

Tengo 16 años a punto de acabarse y sólo me he emborrachado una vez en la vida.
Eso no es lo importante: casi siempre que salgo con amigos nos lo pasamos de puta madre y perdona por hablar mal, pero estoy hablando de llegar a caernos al suelo llorando de la risa contando chistes malos, y no tocamos ni gota de alcohol. Pero ni gota, eh.

No me deja copiar y pegar para citarte, pero lo que dices de los gilipollas con mala hostia y la adolescencia de mierda es la esencia pura y dura del asunto. Para ligar no hace falta vodka, para cantar y bailar en medio de la calle no hace falta ron, para no creete la suerte que tienes de amigos no necesitas un porro.

Sólo ganas y valor. Ganas de verdad, no ganas de esas de "esta noche me cojo un pedo y me como el mundo", sino ganas de ser feliz y compartir eso mismo, gratis, por las buenas, sin pedir nada a cambio. Creerse a uno mismo y dejar de necesitar ser el Macho Dominante por pegarle fuego a una papelera.

Vale que me quede más hippy que una canción de Cat Stevens, pero la cosa es así!



4
De: jose Fecha: 2006-06-20 19:16

yo flipo con las nuevas generaciones. Asdepiqas... no bebes, te diviertes, tienes ganas y valor, escuchas a cat stevens (¿quién es?). ¡por favor no te metas a político, que te vas a echar a perder y gente buena hay poca! de todas formas yo creo que alguna vez en la vida hay que coger una borrachera gorda.

Del tema, da miedo cómo se queda cádiz después de la mega-bebecoa del trofeo carranza. no sé qué ocuparía un volumen mayor, la basura o los litros de meado y vómito en la area. por la mañana entran los camiones de limpieza a saco en la playa pero no hay manera de dejarlo todo bien, y la cochambre resiste una semanita.



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