Laberinto Postmoderno
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Los Viejos Oficios

(NOTA: Este es uno de los artículos más largos que he escrito nunca. Avisados quedáis...)

Por convicción, todos los oficios y profesiones honradas (y algunas no tan consensuadamente honradas) me merecen un profundo respeto. Incluso aquellas profesiones que representan o mantienen actividades que no me gustan, como los soldados o los banqueros, me merecen cierta consideración, habida cuenta de que yo no sería capaz de manejarme en tales lides. Al fin y al cabo, para pasar la noche al raso montando guardia en un poblado kosovar rodeado de francotiradores de fácil gatillo hacen falta unos redaños de los que no dispongo, así que tengo que respetar a quienes me ganan en esa capacidad.

Pero de todas las profesiones inventadas por el hombre, hay dos grandes grupos que considero los más respetables y admirables de todos: los que investigan y los que enseñan. Si algo caracteriza al ser humano es su capacidad para descubrir lo que le rodea y emplear ese conocimiento para mejorar su calidad de vida y escapar de las inclementes fuerzas de la naturaleza. Y tan importante es descubrir esos secretos y aprender a manejarlos, como transportarlos a las generaciones venideras y a los contemporáneos que los desconocen todavía. Si no fuera así, cada generación debería redescubrir lo mismo que la anterior, y entonces, seguramente ahora seguiríamos viviendo en cavernas, si no es que nos hemos extinguido. Descubrimiento, transmisión, intercambio. Son las tres palabras que definen y provocan el progreso. La cuarta, sería la Crítica, palabra que tanto los investigadores como los educadores deberían tener presente en cada paso que dan.

Y hete aquí que en los tiempos que me ha tocado vivir, ambas profesiones están siendo desvirtuadas y despreciadas por la misma sociedad que se beneficia de ellas. Desde mi punto de vista, estos tiempos actuales son los más estúpidos y pueriles que podemos encontrar en los libros de historia, habida cuenta de que, poseyendo el conocimiento que conocemos, nos estamos condenando a un regreso a la prehistoria, retornando a viejas cantinelas mitológicas y legendarias para aplicarlas del modo más imbécil concebible a nuestra sociedad. Me refiero a las memeces de la Nueva Era, por supuesto. El retorno a la ignorancia otorgándole a ésta la insostenible calidad de "sabiduría arcana". Como si algo, por viejo, fuese mejor. Como si viajar en carromato fuese más inteligente, moderno y progresista que usar un avión.

Porque ahora, cualquier cantamañanas que sostiene un péndulo encima de un mapa es considerado un criminólogo que investiga nuevas técnicas para encontrar secuestrados. Porque cualquier anormal de medio pelo que echa fotos a una nube lenticular confundiéndola con una nave de Melmac es tomado por "experto en fenómenos astronómicos extraños". Si tú dices que estás haciendo un doctorado en neurología, no ganas más admiración que si dices que estás investigando la influencia de la libido transferencial en la consecución psíquica del placer objetal para la castración de prepúberes con Edipo tardío. De hecho, casi impresiona más lo segundo. A pesar de que sea una frase sin sentido. De hecho, precisamente porque es una frase sin sentido, y en este Laberinto Postmoderno, el sentido es una nadería, algo prescindible. Lo realmente importante es que suene grandilocuente, trascendente, profundo. O, más exactamente, lo importante es que suene lo suficientemente profundo como para merecer salir en los medios. Por eso Iker Jiménez es considerado un investigador, amén de comunicador, a pesar de que no investiga nada de nada y que lo que comunica son todo mentiras, exageraciones y tergiversaciones perfectamente planificadas y preparadas.

En la educación, tres cuartos de lo mismo: itinerarios curriculares que un macaco subnormal hubiese podido diseñar mejor que los expertos del ministerio, horas lectivas transformadas en pérdidas de tiempo imperdonables, libros de texto donde prima el colorido por encima del contenido y Asociaciones de Padres o Sindicatos de Estudiantes cuyo objetivo es plantar su bandera sobre la institución y reconvertirla en un proyecto que ninguno de los dos grupos sabe definir con claridad. A cualquier tonta del higo con una licenciatura se le considera apta para dar clase a niños de 13 años en la ESO y a cualquier cosa se le llama currículo. Agréguese a eso que, actualmente, los cursillos de feng-shui para parejas de jóvenes que viven en 30 metros cuadrados, jornadas de formación sobre energías telúricas y charlas sobre la conciencia kármica de los antiguos egipcios se meten con calzador en cualquier parte. Me refiero no solo a actos de entidades privadas, como Nueva Acrópolis o la Iglesia de la Cienciología, sino también, en determinados casos, en universidades públicas, a veces directamente y otras indirectamente, mediante la concesión de créditos de libre elección por asistir a un curso sobre el poder sanador de joyas y gemas.

La Educación encuentra un poderoso enemigo en los medios de comunicación. Inventos que se adivinaban hace menos de cien años como algo que traería el conocimiento a todo el mundo, directamente dentro de sus casas, resulta que ahora se llenan de bazofias pseudointelectuales, con expertos en nada hablando sobre todas las cosas y con una prole periodística que está más preocupada por encontrar la foto del momento que por cubrir las noticias con cierta precisión. Como hay que sacar la edición a las cuatro de la mañana, echa dos fotos y entrevista a dos que pasen por ahí. Con eso bastará. Si ése es el ejemplo de Investigación y de Comunicación, ¿cómo demonios vamos a conseguir que la Escuela y la Universidad sean tenidas en consideración? ¿Por qué hay Asociaciones de Padres en cada instituto y no hay Asociaciones de Pacientes en cada Centro de Salud? Porque los médicos han sabido adaptarse a los tiempos mejor que los maestros. A pesar de que la Sanidad es otra casa de Tócame Roque de aquí te espero, está a años-luz de el cajón de sastre infumable que es la Escuela. Quizá sea porque en medicina, las cosas se rigen por otros motivos aparte de los ideológicos -que también tienen su peso-. En Educación, sin embargo, desde la década de los setenta a esta parte, no ha habido manera de levantar la cabeza con cierta dignidad. Y los mayores perjudicados, desde luego, los alumnos, que ahora viven en un entorno escolar que no es que sea hostil, es que es un campo de batalla que perciben desde la primera semana de clase, con docentes desmoralizados y desmotivados, currículos que dan risa, padres y madres que casi parecen a punto de dar un golpe de estado y autoerigirse directores y jefes de estudios.

Cualquier estudiante de primero de magisterio sabe que el fracaso escolar es inherente al sistema educativo, incluso que es necesario, si queremos mantener cierto statu quo. No podemos ser todos licenciados, del mismo modo que no podemos ser todos analfabetos. Pero nos han convencido de que el único camino es aprobar las asignaturas, llegar a la universidad, hacerte tres o cuatro másters y luego trabajar en una fábrica de 7 a 3. A todo padre le gustaría que su hijo fuese abogado, médico o ingeniero, a pesar de que un fontanero cobra bastante más que ellos y que un funcionario de bajo nivel, un bedel o conserje, acaba teniendo mejores condiciones laborales, aun sin estudios. Y en estas circunstancias, la Educación es, como he dicho, el campo de batalla de todo el meollo: padres que quieren aprobados generales y ampliación de jornada lectiva. Sindicatos de Estudiantes que piden la abolición de los exámenes, pedagogos que siguen pensando que con leer muchos libros y saber escribir "aquiescencia", ya son investigadores. Y, mientras tanto, los alumnos se dedican a acosarse mutuamente en el recreo y los maestros a ir al psiquiatra a por antidepresivos.

Desvirtuada la Educación, desfigurada la Investigación, lo que nos queda es cubrirnos la cabeza con las manos y decir "Jesusito de mi vida, que me quede como estoy". Y ya es una pena.
El Amo del Calabozo

2008-01-18 23:15 | Categoría: | 4 Comentarios | Enlace

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Comentarios

1
De: LMO Fecha: 2008-01-19 13:44

Amén



2
De: LMO Fecha: 2008-01-19 13:49

(A lo de "Jesusito de mi vida, que me quede como estoy"... El resto, es para comentar con un par de cafés de por medio) ;)



3
De: Anónimo Fecha: 2008-01-29 14:47

En mi clase de 2º de primaria hay unas letras que rezan "Dios padre perdona y escucha"... El tamaño de esas letras es mayor que el de 400= 4 Centenas + 0 Decenas + 0 Unidades. Me pregunto ¿cuál de las dos afirmaciones será más cierta? ¿Cuál más útil en la vida necesaria?

Esto es un cachondeo.



4
De: Anónimo Fecha: 2008-01-29 14:48

Perdón: ¿Cuál más útil en la vida? ¿Cuál más necesaria?



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