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La Expo es para todos

Ignoro cómo sería el asunto en Sevilla cuando lo del Curro y el 1992 y tal, pero desde luego, lo de Zaragoza es para mear y no echar gota. Lo ilustraré con un cuentecito basado en hechos reales (bueno, reales reales no sé, pero casi seguro que esto mismo le ha pasado a alguien...)

Señor (podría ser señora, pero me sale mejor en masculino), natural de la capital maña, que viene en su utilitario por la A-68, en dirección Zaragoza, desde su puesto de trabajo. Nuestro amigo ha pillado el maldito rotavirus éste que es una epidemia en la ciudad y que hace que cuanto tengas en las tripas tenga prisa por salir, hasta el punto de no importarle por qué orificio, si anal o bucal. Si no fuera por ese pequeño detalle, la verdad es que nuestro amigo no tendría nada de qué quejarse. De momento.

Este señor tiene la mala suerte de vivir en el Actur, así que se desvía de la A-68 y toma la A-2, circunvalando Zaragoza por el norte. Para los que no conocen Zaragoza, decir que el Actur era un barrio populoso de la capital, quizá el más grande de todos, pero que, de dos años a esta parte, es una escombrera llena de agujeros, socavones, zanjas, vallas impidiendo el paso a peatones y conductores, calles con carriles cortados y semáforos puestos a mala hostia. Pero sigamos con nuestro amiguito: si quiere llegar a su casa, primero debe enfrentarse a la muerte en ese cruce que hay pasada la salida del Portillo, en el que los camiones aceleran que da gusto, dios sabrá por qué, y se te abalanzan por la izquierda al tiempo que un subnormal intenta no quedarse en el carril derecho porque ése se acaba, tampoco nadie sabe por qué, y el único modo posible de no matarse es que quepan dos turismos, un camión y una moto por tres carriles de autovía. Pero, fíjense, se consigue. Si es que lo que no pueda la cabezonería baturra...

Tras ese encuentro con la muerte, empieza lo bueno de verdad. Esto era solo para ir calentando. La autovía cruza el Ebro y puede verse el letrerito que te anuncia que por la derecha, te vas directito a las obras de la Expo y nuestro amigo, que empieza a notar sus intestinos deseando vaciarse cual tubo de dentífrico, sabe que tiene que salir de la autovía por ahí para llegar a su casa, a escasos doscientos metros de la futura Exposición. Pero el puente del Ebro ya no tiene 3 carriles para cada sentido, sino que tiene 2, porque uno está ocupado por una barrera de hormigón que lleva meses ahí puesta. Puedo jurar que llevo mucho tiempo sin ver a nadie trabajando al otro lado, ni se ve que avance en absoluto la obra, pero a alguien se le ha olvidado quitar la puta valla y ahora la autovía es una mierda de embudo donde te puede pasar de todo.

Además, nada más terminarse el puente, si sobrevives, hay que ponerse en el carril derecho, porque hay que salir, y el izquierdo se acaba, así que de nuevo tres vehículos deben pasar por dos carriles, pero esta vez con el añadido de que tienes una hilera de treinta o treinta y cinco coches en el arcén, con las emergencias puestas, porque la salida de la autopista -manda cojones- da a un camino lleno de obstáculos, que serpentea por toda la cara este de las obras, con miles de obreros saliendo a todas horas y cruzando por donde les da la gana, camiones entrando y saliendo, autobuses cargados de más obreros, una grúa descargando dios sabe qué zarandajas y, como consecuencia, un atasco que, en ocasiones, llega a ser kilométrico.

Nuestro amiguito, que sabe que como sus tripas le declaren la guerra tiene todas las de perder, decide no jugársela. Si se queda en ese atasco, no llega a casita y aquí lo que prima es la prisa. Prisa por llegar al trono, bajarse los pantalones y aliviarse, no prisa por nada extraño o egoísta: prisa de la buena. Nuestro amigo piensa "bueno, en vez de por esta salida, salgo por la siguiente y, total, es solo un rodeo de cinco minutos". Sí, eso hasta que, cuando se va colocando en el carril derecho para tomar la siguiente salida (que da al Puente de Santiago y luego a la Plaza del Pilar), hete aquí que se encuentra un atasco aún peor, porque las obras de la Expo se han reproducido como champiñones y no solamente afectan al recinto donde se dará el evento, sino también a una rotonda que llevaba tres décadas inútil, criando mala hierba, pero que ahora es imprescindible, oh, sí, arreglar cuanto antes. Esas prisas que tienen los políticos por hacer las cosas cuando les viene bien a ellos, no cuando les viene bien al ciudadano que paga las obras.

Así que nuestro amiguete cagón, aferrándose la tripa con una mano y cambiando de marcha con la otra, acelera, pasa al carril central y se dirige a la siguiente salida: la de la A-23, dirección Huesca. Conocida por todos los maños como la salida de "Parque Goya", aunque perfectamente se le podría llamar "la salida de la tocada de cojones monumental", porque tú vas a dar a la A-23 y de ahí a una rotonda estupenda que algún besugo con título de universidad privada diseñó usando el culo como tiralíneas. Al margen de lo que supone poner una rotonda con cinco entradas (y salidas, claro) justo al finalizar/comenzar una autovía, resulta que ahora no se puede circunvalar, por un extraño motivo, tan ignoto que nadie lo entiende. De hecho, resulta que para poder dar la vuelta hay que ir hasta la Academia General Militar, dar la vuelta allí y regresar. Ignoro cuántos kilómetros, pero créanme cuando les digo que, como mínimo doce hay que recorrer. Como consecuencia de ello, el atasco vuelve a ser antológico, y no hay quien salga tampoco por ahí.

Nuestro escatológico amigo ya no lo soporta. Pensando en soluciones rápidas, con el cerebro gastando todas sus energías en evitar el desalojo imperioso de su colon, llega a la conclusión de que la salida siguiente, Mercazaragoza, estará libre. Oh, sí, gran idea. La salida de Mercazaragoza da directamente a la Z-30, que como todos sabemos es una cagada impresionante que tiene ya solera. Una carretera de tres carriles para cada sentido, que rodea toda la ciudad, pero donde la velocidad máxima sigue siendo de 50 km/h y donde te han colado unos semáforos puestos muy a mala leche. Para colmo, el final de semejante carretera es un polígono industrial, donde se acumulan los camiones cargados que deben subir una rampa en espiral que te giñas por la pata abajo solo de verla, ya que a otro de esos lumbreras con título de ingeniero conseguido a base de practicar sexo bucogenital debajo de escritorios de madera, se le ocurrió hacer una salida de autopista que en escasos veinte metros te obliga a subir unos ocho metros de altura girando 180º. Si resulta difícil hacerlo en bicicleta, imagínense el cuadro cuando llevas un camión con una cuba con sopotocientos mil litros de líquido dentro. El camión que no sube, el turismo de detrás que se caga porque se ve aplastado, el de detrás de éste que frena, así hasta que se forma una nueva reata de conductores furibundos. Conclusión: más atasco, más follón. Cuarta, si no me equivoco, salida de autovía impracticable.

Y nuestro colega, notando ya cierto caldillo escurrir fuera, consigue fruncir su esfínter (gracias, Mamá Ladilla por esta última oración que os he plagiado vilmente) y contenerse hasta pensar: "La siguiente, la siguiente salida estará libre, sí, en la siguiente no puede haber problemas". La siguiente, pobre desgraciado, es la peor de todas: Santa Isabel a la derecha. Para los de fuera, que sepan que nuestro amigo ya se está saliendo de la ciudad, está a más de un cuarto de hora en coche de su casa saltándose algún semáforo y, muy probablemente, coja otro atasco antes de llegar (eso sí, esta vez en el interior de la ciudad, que calma un poco los nervios). Resumiendo, la ha cagado pero bien. Decía que Santa Isabel a la derecha y Montañana a la izquierda, y una rotonda convertida en gigantesca trinchera, con grúa monumental en el centro y docenas de vehículos pasando a cada momento por un lugar en obras donde a otro ingeniero digno de ahorcamiento con sirga se le ha ocurrido que la mejor idea es hacer que los dos sentidos de la circulación vayan por el mismo lado, diferentes carriles, pero rodeando la rotonda los dos por el mismo sitio, así que unos van por la derecha, otros por la izquierda, se cruzan al final con los que salen de la autovía y con los que quieren entrar. A escasos metros de esa rotonda hay una fábrica enorme de Balay, con sus correspondientes camiones entrando y saliendo, sus horas punta cuando todos los trabajadores quieren irse a sus casitas y descubren que el autobús se queda cruzado en la carretera tapando los dos sentidos a la vez. Eso por no nombrar los dos supermercados gigantes, con su propia escudería de más camiones taponando una mierda de calle de dos carriles por sentido que, de nuevo, se ven reducidos a uno por más obras que ni el dios de los cristianos sabe para qué cojones sirven. Por no hablar de la papelera la Montañanesa, con enormes trailers cargados de troncos de árbol. El atasco aquí es ya demencial, como pueden imaginarse. Y la probabilidad de que un anormal te convierta el coche en un acordeón, se arrima a la seguridad absoluta.

Y nuestro amigo, adivinando que la siguiente salida está en el pueblecito de Malpica, a más de quince kilómetros de su casa, sabiendo que el destino y el ayuntamiento de Zaragoza, así como la puñetera Expo y la madre que parió a los ingenieros, arquitectos y demás desgraciados que han diseñado el proyecto, le van a negar su derecho inalienable a cagar civilizadamente en un váter, echa el freno, se baja del vehículo y, tomando un panfleto de propaganda en el que sale el horrible mostrenco de Fluvi, se alivia en el arcén de la autovía. Pero claro, a este probo ciudadano, cuando piensa que tendrá que pagar 100 euros por barba para poder ir con la parienta, los niños y un primo de Calatayud a ver ese mismo evento (la Expo) que ahora le está jodiendo la vida, lo que se le ocurre es que pagaría bien a gusto ese mismo dinero por que alguien le diera una paliza al Belloch, el cual ha demostrado ser el mejor en dos cosas: Encarcelar insumisos (sí, alcalde, algunos todavía nos acordamos) y convertir Zaragoza en un auténtico caos como jamás se había conocido.

Y cuando vean un anuncio de esos de la Expo, que sepan que a los ciudadanos, especialmente los que vivimos en la Margen Izquierda del Ebro, nos está costando una afección hepática a base de mala leche.
El Amo del Calabozo

2008-01-30 00:23 | Categoría: | 0 Comentarios | Enlace

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