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El Cierzo, eterno invitado

Existen muy pocas fiestas laicas al año. En Zaragoza, me salen tres: el día de la Constitución, el Primero de Mayo y la Cincomarzada. El resto, incluso las que parecen menos religiosas, como el 23 de Abril, ostentan nombres de santos, San Jorge en este caso, o bien son claramente religiosas: Semana Santa, Navidad, el día del Pilar. Y ya sé que en origen estas fiestas eran paganas, pero ¿qué quieren que les diga? Del paganismo original ya no queda más que una reseña habitual y manida en un periódico, colada por un columnista sin ganas de trabajar y sacar un artículo en condiciones.

De las tres fiestas laicas antes nombradas, una de ellas de popular no tiene nada de nada. El día de la Constitución es un día de fiesta (bienvenida sea, pues) pero marcada por los poderes del Estado, no por el pueblo o las gentes que deseen celebrar algo. De hecho, si la gente hubiera podido elegir, seguro que no habrían escogido tener fiesta en Diciembre (que ya tenemos Navidad y el día ése de la Inmaculada Concepción), ni mucho menos el día seis, habiendo ya fiesta el ocho y previendo el follón que todos los años se arma con que si me cojo puente y con que si el patrón no me deja.

La otra fiesta, la del Primero de Mayo, aunque tenga su origen en una reivindicación de lo más popular, obrera y progresista, se ha convertido en una algarabía aburguesada y falsaria. Vergüenza ajena da ver a los gerifaltes de UGT y CCOO cantando la Internacional con el puño en alto, como si repetir un mantra una vez al año fuese a darles cierta progresía o razón. Los que tenemos memoria sabemos que esos mismos que el día del Trabajador salen a la calle detrás de la pancarta, están dispuestos a firmar reformas laborales vergonzosas al día siguiente, olvidándose de todo cuanto dijeron delante de la masa. Que nos conocemos. Y ahí están, cada año, agitando banderas en las que ya no creen, coreando himnos cual flecha cantando el Cara al Sol en un campamento de la Falange y ofreciendo un pescado que ya está vendido de antemano.

Por eso, en Zaragoza, la gente se vuelca con la Cincomarzada. Porque es una fiesta en la que ni el Ayuntamiento, ni los Partidos Políticos, ni el Gobierno de la Nación, ni las Cortes de Aragón, ni la perra que los parió a todos tienen nada que decir. Y por eso, grupos de lo más dispar se reúnen en un parque a asar chorizos, freír longanizas, escanciar cervezas y pasarlo bien. Que es de lo que se trata. De eso y de reivindicar cosas. Curioso, pero no hay pancartas de grupos neonazis en esa fiesta. Quizá eso de que el pueblo zaragozano se levantase contra los Carlistas sea un obstáculo para que disfruten los nostálgicos, pero no se les ocurre acercarse por allí. Y aunque lleguen los de siempre (los sindicatos mayoritarios y los partidos políticos con sus juventudes) y quieran unirse al evento, la realidad es que la mayor parte de las barras dispuestas son de grupos menos llamativos, pero mucho más importantes: asociaciones de vecinos, colectivos de diversas índoles, fundaciones sin ánimo de lucro, grupos de teatro callejero, se unen en una fiesta comunal carente de toda pretensión política, salvo la de reivindicar determinadas cuestiones locales, que a nadie importan, salvo al ciudadano de a pie.

Y este año, el Ayuntamiento ha conseguido lo que lleva años intentando: boicotear con todas las de la ley esta fiesta popular donde ni puede ni debe meter la zarpa. La excusa ha sido el viento, pero eso no se lo creen ni ellos. El Parque del Tío Jorge, donde se celebraba tradicionalmente, era un sitio peligroso, frente a una avenida ancha y encarada al norte, por donde el cierzo corre como un desesperado, y donde ya hubo víctimas hace algunos años. Precisamente por eso (porque casi escacha a Belloch, lástima, hombre, tuvo que matar a una pobre ciudadana) trasladaron la fiesta al Parque de Oriente, rodeado de casas altas por el norte y el oeste, frenando al cierzo y permitiendo que, allí, hubiera mucho menos viento.

Rachas de noventa kilómetros por hora. Sí, lo sabemos. Los zaragozanos convivimos con esos vientos todo el puñetero año y nadie nos prohíbe ir a trabajar, o a votar, o a la cola del paro. Eso sí, se nos prohíbe disfrutar y divertirnos. Con policías por todas partes, acordonando la zona, echando incluso a los que iban a pasear al perro, mostrando la garra criminal de un ayuntamiento que es socialista solo de nombre. Me pregunto yo... ¿qué pasa si el próximo jueves santo sale un temporal de viento? ¿Prohibirán las procesiones? Y si el día del Pilar próximo caen chuzos de punta, ¿se prohibirá la Ofrenda de Flores? Que no me vengan con la monserga de la seguridad ciudadana. Esto ha sido un triunfo de un Ayuntamiento que lleva una década, al menos, tratando de reventar una fiesta popular. ¿Les pongo un ejemplo? Hace algunos años, trasladaron la fiesta a una arboleda en la Almozara, junto al río. Los vecinos protestaron, porque la cercanía al Ebro hacía que cualquiera, un niño por ejemplo, o alguien que había bebido más de la cuenta, se cayera al torrente. ¿Le importó entonces al Ayuntamiento la seguridad de sus ciudadanos? Ni lo más mínimo.

Zaragoza es una de las ciudades con más árboles por habitante del país y tiene uno de los vientos más fuertes de la península. Veo plantar los árboles de la ciudad y los ponen jovencitos, cavando apenas treinta centímetros en el suelo. Suelo que, por cierto, a poca profundidad se convierte en zahorra pura, lo que en Aragón se llama Mallacán. Esos árboles enraizan en horizontal, no hacia abajo. Cuando sopla el cierzo, amenazan con caerse y, de cuando en cuando, se caen. El ayuntamiento sigue cavándolos a poca profundidad, ¿le importa entonces la seguridad de sus ciudadanos? En absoluto.

Los medios de comunicación, como siempre, contando las cosas escuetamente: "Se suspende la fiesta por las condiciones climatológicas". En peores plazas hemos toreado, y salimos a hombros, que yo recuerdo Cincomarzadas lluviosas, con pocos grados sobre cero y ventoleras que te hacían encorvarte al caminar, y nadie decía nada. Eso sí, este año, con un sol que aplanaba, sin amenaza de lluvia, en un parque resguardado del viento, se han empeñado en prohibirla. Espero que cuando llegue la Semana Santa, hagan lo mismo, piensen en la seguridad de los ciudadanos y, ante la más mínima nube, prohíban a la procesión del Viernes Santo salir, no vaya a caerle un rayo en lo alto del capirote a un cofrade.
El Amo del Calabozo

2008-03-06 01:29 | Categoría: | 0 Comentarios | Enlace

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