Laberinto Postmoderno
Bienvenido al Laberinto Postmoderno. Rescata a la Razón de su Mazmorra, donde la han metido el Relativismo y la Postmodernidad. ¡Únete a los aventureros de la Razón y combate al Dogma y la Credulidad!
Inicio > Historias > Soy falangista y me voy de excursión

Soy falangista y me voy de excursión

Mi buen amigo Tarantoni me envía esta noticia, que no tiene desperdicio.

Este tipo de altercados interétnicos los veo a menudo gracias a (o por culpa de) mi trabajo, donde he de convivir con muchachos de todo tipo de orígenes y culturas, más que nada porque la delincuencia no conoce fronteras, ni genética, ni sabe una mierda de antropología, ni falta alguna que le hace. Todos los seres humanos, sin distinción de ninguna clase, y sin grupo exaltado que se libre, somos una cuadrilla de violentos primates: territoriales, celosos y gregarios.

Es común entre aquellos que procuramos apartar de nosotros al máximo posible la visión antropocéntrica, creer que el racismo y la xenofobia son patrimonio de la etnia más fuerte, de la más poderosa. Digamos que tendemos a ver que es el grupo cultural hegemónico el que ejerce su violencia sobre los demás. E, históricamente, así era.

Desde la época de los sumerios y mucho antes, todo aquel grupo que conseguía construir una sólida civilización y obtener así una ventaja sobre sus vecinos, usaba esos conocimientos y técnicas para darles una paliza, matar a un buen número de ellos, esclavizar al resto, putear a los que quedasen sueltos y convertirse ellos en los amos del cotarro. Miren cualquier libro de historia y verán que eso de la colaboración interétnica es una cosa que se ha dado (no estaríamos donde estamos de no ser por ello), pero que con igual o mayor frecuencia, se producía también una violencia intercultural terrible.

Pero hete aquí que hoy, con todo lo que llevamos vivido (y muerto), seguimos en el mismo rollo, aunque ahora somos tantos y la situación se ha vuelto tan polarizada que las etnias vecinas pobres acuden a la casa del vecino más rico para ver si pueden hincar el diente al pastel, aunque no les dejen más que lamer el plato en el mejor de los casos. Están en su derecho, qué coño, de buscarse la vida para vivir mejor.

Pero cuando llegan a España, se encuentran con que jamás en toda la historia un recién llegado lo ha tenido más fácil: un extranjero en este país tiene que pasarlas canutas igual que antes, pero ahora hemos inventado ayudas sociales, orientadores, supervisores, educadores, coordinadores, animadores y todo tipo de profesiones que se encargan de que un morito que tose pueda ser atendido por la seguridad social, que un negrito de seis años esté escolarizado y que la señora mayor de Colombia que ha venido por reagrupación familiar no tenga que largarse por donde ha venido por no saber qué papeles ha de rellenar. Así pues, nuestra innata xenofobia, nuestra tendencia a dominar al de al lado para evitar que nos domine a nosotros, se ha visto mínimamente modificada por una tendencia a decir: "Bueno, no hay por qué adelantar acontecimientos: usted entre y ya veremos si nos tenemos que poner en guardia o si podemos convivir en paz". Más o menos, ya digo, porque todos sabemos que hijos de puta hay en todas partes y que España es un país donde la hijoputez, hija primogénita de la ignorancia, es una diosa muy respetada.

Y entonces, con cada vez más frecuencia, vemos a estas etnias "oprimidas" enzarzarse a ostias no con los grandes, sino con sus iguales. Es como si la liebre y el conejo se atacasen el uno al otro cuando están siendo perseguidas por un zorro. Los gitanos odian a los moros, los negros y los sudacas están deseando meterse en bandas callejeras donde el rap y el reguetón les están inculcando unos valores mezcolanza de la moral del Oeste Americano de John Ford y las películas mexicanas sobre drogas y mafias, todo el mundo sospecha de los chinos y los de Europa del Este se encargan de meterse en líos con todos los demás. Ya digo que esto lo veo a diario, en conversaciones, en batallitas, en comentarios lanzados por sus protagonistas.

Desengañémonos: la etnia, sea lo que sea eso, que no me queda nada claro, es un modo más de identificarnos. Soy gitano por muchos motivos: genealógicos, económicos, sentimentales y racionales, pero el principal argumento para concluir que uno es gitano es demostrar que no eres ninguna otra cosa. Yo soy lo que queda después de quitar lo que no soy. Y para saber lo que no soy y poder identificarme con mi grupo, debo denostar, debo ridiculizar, debo señalar al Otro con el dedo acusador y colmarlo de todos los males que yo no quiero ver en mí mismo. Y eso es la xenofobia, precisamente, ésa es la base del racismo: ver en el otro los defectos que uno no quiere tener, y usar eso como argumento para buscar su dominación, su expulsión, su segregación o, en el peor de los casos, su exterminio.

Los gitanos son unos vagos que viven del trapicheo y el robo. Los moros son unos traidores y no te puedes fiar de ellos. Los negros son analfabetos, los chinos endogámicos, los rumanos una cuadrilla de mafiosos y los sudacas violentos pandilleros juveniles. Y como yo no soy ninguna de esas cosas, pues no tengo ninguno de sus defectos. Así funciona la cosa, desde que hace vaya usted a saber cuánto, un tío levantó un palo y todos lo saludaron como el símbolo de su grupo. De ese palo a la bandera, la corona, el uniforme y la adscripción cultural a un grupo determinado, solo hay diferencias cuantitativas: se hace mejor, pero se hace lo mismo. Identificación con el grupo. Proteger al grupo de los Otros. Los Otros son los malos.

De los míos diré, pero no oiré, decía mi abuela, y tenía razón. Es posible que un padre hinche a ostias a su hijo en cuanto tiene oportunidad, pero ojo alguien ajeno le de una colleja, que verás qué pronto se sacan las navajas en este país. Es posible que en un campamento organizado por esa familia gitana hubiesen tratado mucho peor a su propio hijo por pelearse, pero como lo organizaba el Otro, hay que ir a protestar, a quejarnos, a reivindicar nuestra identidad y a proclamar que el Otro es el malo en este evento.

De modo que tome miembros de esos grupos sociales, júntelos a todos en un campamento y verá que hasta los niños (que poco entienden de antropología, pero mucho de conductas aprendidas) encuentran motivos para agredirse. Y, enterados los organizadores del campamento, se actúa en consecuencia. Hecho esto, el niño va a sus líderes tribales y éstos le siguen el juego, desentierran el hacha de guerra y van a agredir también, enarbolando la vieja enseña de "a los míos no se les toca". La humanidad siempre dará mucho asco, pienso yo.
El Amo del Calabozo

2008-08-06 00:29 | Categoría: | 3 Comentarios | Enlace

Referencias (TrackBacks)

URL de trackback de esta historia http://laberintoposmo.blogalia.com//trackbacks/58836

Comentarios

1
De: Sudaka furioso Fecha: 2008-12-04 19:24

Amigo, mala cosa esta de pelear por la familia, sea gitana sudaka o mora.
La posmodernidad no permite esos lujos.
Ya lo sabía San Pablo "Si alguien no tiene cuidado de los suyos, principalmente de sus familiares, ha renegado de la fe y es peor que un infiel" Timoteo I, 1,8 (y no soy evangélico)



2
De: Carlota Fecha: 2009-02-12 10:35

Te comento aquí como podría comentarte en cualquier otra entrada de tu blog: me lo he papeado entero, y me ha encantado. A ver si escribes más, o en su defecto, escríbeme a mí, que esto de encontrar a alguien con quien estés de acuerdo cuesta sudor y sangre (y unos cuantos insultos).



3
De: Anónimo Fecha: 2010-04-25 18:20

Hola, Amo del Calabozo, nos tienes abandonados. ¿Ya no escribes más? ¿Te has cambiado de blog? ¿Te habrá pasado algo? Un saludo.



Nombre
Correo-e
URL
Dirección IP: 54.158.245.157 (5e42213065)
Comentario

		

Archivos

<Agosto 2017
Lu Ma Mi Ju Vi Sa Do
  1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31      

ARP-SAPC

Siempre Ganamos Algunos Euros.

Blogalia

Blogalia