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Laberinto Postmoderno |
Bienvenido al Laberinto Postmoderno. Rescata a la Razón de su Mazmorra, donde la han metido el Relativismo y la Postmodernidad. ¡Únete a los aventureros de la Razón y combate al Dogma y la Credulidad! | ![]() |
Catolicismo e IdeologíaLas estalactitas dejan caer gotitas de agua y compuestos calizos sobre el suelo con un plic-plic-plic incesante. Algo se cuece en esta parte del Laberinto Postmoderno a pesar de la calma chicha que aparenta existir. Agudizad vuestros sentidos, aventureros, pues no puede ser que tanta tranquilidad sea duradera...
La Evolución del Catolicismo durante el siglo XX es para estudiarla. Insisto en que el problema de las religiones es que alcancen el Monopolio de la Verdad. Cuando una religión concreta consigue llegar a este estado, en el que sus palabras son incuestionablemente ciertas, pierde todo su sentido y se torna en pura y dura ideología política. No es que antes la religión no fuese ideológica. Una de las definiciones más acertadas, a mi juicio, de la palabra "ideología" es la que da Antonio Gramsci: las pretensiones de supremacía de un grupo social dado (Cartas desde la Cárcel, 1947). Visto desde ese punto de vista, el Manifiesto Comunista, los discursos de Franco en el NODO, el programa electoral del Pepé y el Concilio Vaticano II son pura y dura ideología. Ideología porque en todo caso se trata de dar argumentos que decanten la balanza del indeciso hacia uno u otro lado. Mediante el viejo método del Terror y las Presiones Morales, el método que ha caracterizado al Catolicismo desde que dejó de ser perseguido, en el siglo XX tenía poco que hacer. Las personas, después de pasar por siglos de mangoneo, secuestros, ejecuciones, torturas y censura por parte de sacerdotes y ministros eclesiásticos, ya no se dejaba convencer tan fácilmente de que el Infierno era su destino final si no hacías caso, así que hubo que cambiar. El Concilio Vaticano II, con todo lo que se ha dicho de él, sobre su humanidad, su humanitarismo, su revolución teológica, etc., no me parece que fuera tampoco nada del otro mundo. Desde luego que esa religión vertical en la que todo el mundo se arrodillaba ante la infalibilidad papal y demás zarandajas medievales, quedó maltrecha después de este Concilio. Desde luego que se propugnó una religión católica de base que buscase soluciones realistas en lugar de anclarse en el pasado. Desde luego que la Vieja Guardia tuvo los testículos como glotis durante un tiempo. Todo eso es cierto, pero no fue revolucionario. Ni tampoco la Teología de la Liberación, ya que estamos. No se puede ser revolucionario manteniendo los dogmas del antiguo régimen intactos y los dogmas católicos no fueron cuestionados por la Teología de la Liberación y tampoco por el Concilio Vaticano II. De hecho, fueron confirmados una vez más y el propio Gutiérrez, uno de los ideólogos del Concilio, dijo que "no necesitaba del marxismo para explicar el misterio de la Santísima Trinidad". No se planteaba siquiera explicarlo. Era un misterio, independientemente de que lo pensase un cura progre o uno facha. Pero hete aquí que Juan Pablo II rompe con ese Concilio y regresa al viejo tradicionalismo, a las atávicas concepciones sobre la sexualidad y la mujer, sobre el destino de la humanidad y sobre el pecado. De un plumazo, se carga cualquier intento de disidencia y reorganiza el Estado Vaticano sobre el mismo barro que siempre había sustentado a tal gigante. Con una salvedad: le pone un armazón de populismo que asustaba. Desde el Totus Tuus de cuando yo era niño, del que recuerdo a media Zaragoza concentrándose en el barrio del Actur (entonces casi todo hecho de solares en obras) hasta su visita a Cuba con Fidel Castro como un corderillo sumiso a sus pies, Juan Pablo II ha hecho una gira mundial paseando su palmito, mostrándonos las miserias de una religión que se tenía que rebajar a ser más ideología que nunca. No han solucionado los problemas reales de nadie, pero les han dado problemas irreales para los que ya tenían solución prevista. En lugar de dar a la gente cañas para pescar, les han dado raspas de pescado y les han contado cómo hacerse un caldito. Y la gente contenta, para más sorpresas. Iberoamérica, un lugar que sufrió lo indecible en manos de católicos españoles y portugueses hasta el siglo XIX, se levantó para vitorear a un Papa que no traía nada nuevo. Así es la postmodernidad: como no importa realmente lo que pasa, sino que solo tiene sentido lo que a la persona le parece que pasa, pues todo tiene el valor que le queramos dar. Con suficiente propaganda, todo el planeta beberá Coca-Cola, comerá en McDonald's, conducirá un BMW, mirará la hora en un Viceroy y se cubrirá los ojos con unas Rayban para irse a ver al Papa. Da lo mismo: basta con publicitarlo y será real. Y ahora nos aparece el Panzer Cardinal éste, el Papa Razzi, el hombre que de joven luchó para defender el feudo nazi contra los Aliados, y nadie sabe a ciencia cierta de qué irá su pontificado. Es posible que se nos muera en cuatro días y todo quede como una mera anécdota, pero yo lo dudo. También decían que el rey de España sería Juan Carlos I el Breve y mira si ha durado... A Benedicto XVI le queda cuerda para rato. No tiene aspecto de irse a morir mañana mismo y tampoco tiene aspecto de ir a cambiar las cosas. Pero hay un problema: el carisma lanzado por Juan Pablo II le pertenecía a él, no al Catolicismo. Juan Pablo II recorrió el mundo como Hugo Chávez recorre Venezuela o como Franco recorrió España, dándose baños de multitudes y convenciendo a la gente de que él era la solución a sus problemas. Luego, la gente se iba a casa con sus mismas tribulaciones, pero convencida de que el polaco se los solucionaría a su debido tiempo. ¿Podrá Ratzinger hacer eso? Lo dudo mucho. Y si no puede, ¿qué solución le queda a una religión estancada en el medioevo, sin contacto con la realidad circundante, atávica y arcaica como casi ninguna otra? En Europa, incluso en el sur de Europa, surgen los protestantes con fuerzas hasta ahora desconocidas. Testigos de Jehová y mormones recorren las calles repartiendo su propia propaganda (tan ideológica como el catecismo católico). Los musulmanes, históricamente rechazados del continente, ya tienen mezquitas y grupos culturales; el orientalismo cuaja entre la gente por todas partes y esa religión laxa y abstracta, personalista de la Nueva Era quizá sea la más común a nivel práctico y cotidiano... La invasión religiosa es inminente. La Polla Récords, en una canción bastante antigua, pero muy actual como casi todas las suyas, decían: "Si todo va a acabar, gratis lo voy a ver. Si todo sigue igual, también seguiré". No puedo estar más de acuerdo con ellos. El Laberinto parece más tranquilo hoy. No os fiéis... es la calma que precede a la Tormenta. ¿O era al revés, primero la Tormenta y luego la Calma? ¡Da igual! En el Laberinto Postmoderno todo es posible, porque todo es igual de absurdo... El Amo del Calabozo 2005-06-16 09:47 | Categoría: Religiones | 2 Comentarios | Enlace Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://laberintoposmo.blogalia.com//trackbacks/30815
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