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Laberinto Postmoderno |
Bienvenido al Laberinto Postmoderno. Rescata a la Razón de su Mazmorra, donde la han metido el Relativismo y la Postmodernidad. ¡Únete a los aventureros de la Razón y combate al Dogma y la Credulidad! | ![]() |
Ley del MenorEl gobierno plantea una reforma de la Ley del Menor en breves y el tema levanta ampollas. No entiendo por qué, ya que los centros de reforma son sistemáticamente olvidados por todos los ciudadanos, incluso por aquellos que podrían ayudar a su mejora.
Trabajo en uno de ellos y sé de qué me hablo. Todo el mundo en Zaragoza sabe dónde están las cárceles más cercanas (Zuera y Daroca, respectivamente), pero casi nadie sabe decirme dónde está el reformatorio. De hecho, la gente sabe dónde estará el nuevo, ése que llevan un año y medio diciendo que en tres meses nos trasladamos allí. Pero ni idea del actual. Tampoco saben qué hacemos allí con los chicos, ni importa a prácticamente nadie. Cuando se habla sobre nuestro trabajo en el centro, solo hay dos posibilidades: o el otro nos considera unos ingenuos que intentan reformar lo irreformable o bien nos consideran unos carceleros que maltratan a pobres niños descarriados. Sinceramente, ninguna de las dos opciones está muy lejos de la realidad. Delimitan los dos extremos del amplio espectro que es el trabajo de un centro de reforma. Somos ingenuos cuando confiamos en algunos de nuestros chicos, pero siempre lo hacemos mirando con el rabillo del ojo y sabiendo que caer es fácil y levantarse, costoso. Y sí, hay ocasiones en las que fastidiamos a nuestros chicos, en las que les presionamos un poco a ver qué tal responden, en las que los sacamos de sus casillas con nuestras indicaciones, nuestras normas, nuestra forma de ser. La reforma plantea que algunos jóvenes puedan ser encerrados en cárceles a los dieciocho --contrariamente a la ley actual, según la cual alguien condenado por un juzgado de menores puede permanecer en un centro de reforma hasta los veintitrés años-- en función del delito cometido. Solo tengo algo que decir al respecto: en mi centro de reforma tenemos varios casos de chicos mayores de veinte años que llevan en el centro cuatro o cinco años. Cometieron delitos muy graves en su momento, con quince o dieciséis años, pero ahora tienen unos pocos más. El mismo joven que se autolesionaba para poder salir del centro de reforma, el mismo joven que se amotinaba y se encerraba en un patio hasta que la policía venía a reducirlo, ahora es un hombre que sonríe y habla. Ha aprendido a leer y a escribir. Está saliendo con una chica y canta en un grupo de flamenco que han organizado dentro del centro. Es el mismo porque en el carné de identidad viene el mismo nombre, pero no se parece al que era. No puedo asegurar que este chico --hay otros ejemplos, no es un caso aislado-- vaya a convertirse en Ciudadano Modelo precisamente. De hecho, creo que si sale a la calle volverá a delinquir, pero déjenme decirles que si hubiera ido a la cárcel a los dieciocho, ahora mismo estaría muchísimo peor y la puesta en libertad sería mucho más peligrosa para cualquier ciudadano. Dudo mucho que hubiera aprendido a leer, a sonreír y a comportarse dentro de una cárcel de mayores. En las cárceles no hay educadores que te den palmaditas en la espalda o te sancionen cuando es necesario, ni vigilantes de seguridad que hablen contigo de coches, de chicas o de lo que sea, ni maestros de taller que se te lleven durante la siesta para pintar una habitación o reparar algunos muebles. La cárcel son palabras mayores. Son centros de hacinamiento donde se mete a los que amenazan al resto de sus conciudadanos. Independientemente de su intención explícita, la verdad es que raramente reforman, salvo por el viejo método del gato que huye del agua fría. En los Centros de Reforma, funcionen bien o funcionen mal, sean perfectos o desastrosos, las cosas son diferentes. Hay castigo, sí; imbécil sería de negarlo, pero también recompensa. Muchos chicos, cuando se les da la libertad, salen del centro llorando, abrazando a los educadores y a los coordinadores. En muchas ocasiones, regresan a éste de visita y en más de un caso siguen en contacto con algún educador del centro. Y si te los encuentras por la calle, te saludan con cariño. Eso no creo que pase con los funcionarios de prisiones, sin pretender decir que éstos sean malvados o crueles. Son vigilantes, no educadores. Un joven que mata, que viola, que agrede, que roba, que trafica, necesita educación, no segregación. De eso, ya han tenido suficiente en muchos casos. Y si el joven no aprovecha la oportunidad, entonces la cárcel puede ser un disuasorio de última instancia. Pero no la conviertan en el destino principal, porque no serviría nada más que para incrementar el número de fracasos escolares, sociales y políticos de este país. Casi todos los presos de las cárceles son eso: fracasos de esta sociedad. Quizá mis compañeros educadores, psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, orientadores laborales, maestros de taller y vigilantes de seguridad seamos la última barrera entre ese fracaso y un acierto. Si ahora la ley quiere lo contrario, entonces lo acataremos, pero habrá que ver si es eficaz. El Amo del Calabozo 2005-09-13 01:00 | Categoría: | 7 Comentarios | Enlace Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://laberintoposmo.blogalia.com//trackbacks/32949
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