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Laberinto Postmoderno |
Bienvenido al Laberinto Postmoderno. Rescata a la Razón de su Mazmorra, donde la han metido el Relativismo y la Postmodernidad. ¡Únete a los aventureros de la Razón y combate al Dogma y la Credulidad! | ![]() |
Divulgar y vulgarizarSeguro que al término de este artículo, más de uno dirá que el Amo del Calabozo es elitista y que está a favor de la censura. Seguro como que el cielo es azul y que, en Zaragoza, está haciendo un viento de los que cortan el pis.
Pero es que uno llega a la conclusión de que en cuanto algo se masifica, y llega a todas las gentes que poblamos España, enseguida se desvirtúa, pierde fuerza, se diluye en un mar de sinsentidos. Miren ustedes la escuela. Cuando al cole solo iban los privilegiados, las escuelas eran sitios casi sagrados; los maestros, respetados y socialmente poderosos; los alumnos, disciplinados y deseosos de seguir aprendiendo; las materias impartidas, reverenciadas; los padres, confiaban en el estamento y se dedicaban a sus quehaceres sin meter las narices donde no les ha llamado nadie. Ahora, que a la escuela va prácticamente todo el mundo, el cole es el coño de la Bernarda; los maestros, unos simples funcionarios vapuleados por una caterva de políticos oportunistas, consejos escolares dominados por padres y madres metidos a pedagogos improvisados; las materias, convertidas en eufemismos. Lo que antes eran "Ciencias Naturales" ahora es "Conocimiento del Medio Natural" y lo que antes era Ética ahora es "Educación para la Ciudadanía" (que ya veremos en qué consiste eso...) Y, claro, lo mismo pasa con todo lo que se ha masificado: la lectura, por ejemplo. La generación anterior a la de mi abuela, no leían ni escribían más que los justos, pero éstos lo hacían con fervor y atención, gustaban del nobilísimo arte de la lectoescritura. Se daban relaciones epistolares de años de duración y se tenían pocas bibliotecas, pero bien surtidas. Ahora, que lee y escribe hasta el más pintado, resulta que en las bibliotecas se meten la astrología en la sección de "ciencias" y los libros de Javier Sierra en la sección de Divulgación Científica. Y así, uno llega a la conclusión de que más que divulgar, lo que hacemos es vulgarizar. Cuanto más se empeñan las revistas de divulgación en enseñar a la gente qué es la física cuántica, tanto más se empeñan los lectores en entender que el principio de incertidumbre señala que aquí no hay modo de saber nada con certeza. Como si las características de un muón fuesen a afectar algo a las Leyes de Kepler. Y, después de la vulgarización, viene la confusión, la profusa aparición de pseudodisciplinas, de pseudoargumentos, de pseudociencia, en definitiva. Del gato de Schrödinger, nos surgen "planos de existencia", "niveles de conciencia", "universos paralelos" y demás bazofia de Star Trek. Pero, ¿por qué la pseudociencia, por más que se divulgue, nunca se vulgariza? ¿Por qué el fenómeno ovni no se ha convertido en un pitorreo generalizado y sigue teniendo ese poder de atracción sobre los pobres seres humanos? En un tebeo de Mortadelo leí una vez que "Ni el más sabio de los sabios sabe convertir el pan en pan" y es cierto: lo que ya es vulgar, lo que ya es falso, no puede nunca convertirse en vulgar falsedad. Ya lo es. El fenómeno ovni, la homeopatía, los poderes extrasensoriales, surgieron como una vulgarización de la auténtica ciencia, así que no pueden vulgarizarse. Como mucho, pueden empeorar su vulgarización, pero siempre se crecerán cuanta más gente lea esos libros vergonzosos, esas revistas sin nada que decir, esos reportajes propios de engañabobos sin escrúpulos. Cuanto más se publique, cuanto más se difunda la pseudociencia, tanto más crecerá y tanto más se vulgarizará, pero nunca se desvirtuará, porque ya está desvirtuada de principio. La pseudociencia es la desvirtualización de la ciencia, del conocimiento, así que no podemos sino esperar que, en este Laberinto Postmoderno que nos ha tocado vivir, las cosas vayan de mal en peor en ese sentido. Mientras las televisiones prefieran sacar a Iker Jiménez, a Rappel o a Tristanbraker antes que a divulgadores científicos de los de verdad, mientras Bélmez de la Moraleda salga más en la tele que todos los Museos de la Ciencia juntos, aquí hay poco que hacer. Salvo evitar eso, por supuesto. Ir a las bibliotecas y poner los libros en la estantería adecuada. Incluso relegar esos libros al ostracismo bibliotecario. Y poner los reportajes sobre Nazca o los Círculos de las Cosechas en un horario en el que solo el que está ya realmente perdido podría verlos. Como suelen hacer con los reportajes científicos, por otra parte, ¿cuándo ha visto usted un documental científico a horas tempestivas? ¿Censura? Bueno, si usted lo quiere ver así, allá usted. Yo no estoy pidiendo que se prohíba nada. Simplemente, creo que para que las cosas caigan por su propio peso, hay que darles un empujoncito de vez en cuando. Aunque solamente sea para vencer la inercia de las cosas, que, como decía la canción, siempre es a peor... El Amo del Calabozo 2006-04-12 12:04 | Categoría: | 4 Comentarios | Enlace Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://laberintoposmo.blogalia.com//trackbacks/39082
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