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Laberinto Postmoderno |
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Sin ánimo de lucroAhora resulta que Ramoncín lo deja. Deja la lucha contra la piratería, adivine usted por qué. Después de tantos años dándonos de qué hablar, se retira. Pues nada. Que te vaya bien. Unas palabritas solamente, querido Ramón, sobre esa labor que tuviste en la SGAE y que, sospecho, no dejas del todo, solamente pasas a segundo plano, como los veteranos que meten en el cuartel para entrenar a los nuevos reclutas.
Puedo creerme que Ramoncín esté dispuesto a dejarse insultar sin cobrar un duro de la SGAE. De verdad que sí, me lo creo. Pero, como siempre, con ciertos condicionantes, verán... He trabajado en Entidades Sin Ánimo de Lucro. Sé de primera mano que ese eufemismo significa: "Entidades que cuadran sus balances a final de año y no ha quedado más pasta que la justa". Lo cual, sin embargo, no es precisamente "sin ánimo de lucro", como se verá. Esto consiste en que toda la pasta se reinvierta dentro del mismo ciclo contable. Por ejemplo, si a la SGAE, después de repartir altruistamente los millones de Euros recaudados entre sus 80.000 (según Ramoncín) autores, les sobrasen unos pocos milloncejos de nada, podrían comprar unos ordenadores, alquilar unas oficinas locales en alguna parte, contratar a cuatro o cinco agentes más y ya está: sin ánimo de lucro. Basta justificar los gastos y cuadrar el balance a final de año. Eso no es ilegal, por supuesto. Es como funcionan la mayor parte de las Oenegés. Ramoncín, por el momento, sigue siendo un altruista que no cobra un duro por poner la jeta para que se la partan. Es el testaferro de un politburó donde hay un buen número de tipos que van por ahí sin que nadie les escupa a la cara, eso no debe olvidarse. Que lo haga voluntaria y gratuitamente o no, es harina de otro costal. Creamos a Ramón, ¿por qué iba a ser falso? De hecho, si escaquease de vez en cuando algún cheque, podría cazarlo Hacienda y ya se sabe que hasta Al Capone cayó por una tontada de evasión de impuestos. Seguro que Ramón aprendió del viejo italoamericano de Illinois. Ahora Ramón se presenta como un pobre hombre que, en el colmo de su solidaridad con los autores y editores de este país, trabaja como un cabrito por nada, y ese curro suyo voluntario le causa ciertos problemillas con su público y con otras gentes. No tiene nómina, ni mucho menos ingresos bajo mano. La SGAE no le apoquiña ni un duro. Creámosle. Aún así, Ramoncín, gracias a su puesto en la SGAE, acude a fiestas de presentación de libros, deuvedés y cedés (cobrando quizá), sale en los medios discutiendo y defendiendo lo indefendible (cobrando también, seguramente) y, cómo no, es premiado de vez en cuando por sus propios compañeros de la SGAE (u otras entidades similares, o grupitos de viejas glorias del rock que quieren estar a buenas con los jefes), premios éstos con cierto montante en metálico o especias, por supuesto. ¿Por qué no? Ramoncín, por sí mismo, al margen de su trabajo voluntario y gratuito en la SGAE, saldría en esos programas, presentaría estos deuvedés o sería premiado? En absoluto. Sería una vieja gloria que tendría que mendigar a las puertas de Telecinco por una oportunidad (como Enrique del Pozo, sin ir más lejos). Por otro lado, dejando aparte temas dinerarios, por mi trabajo he conocido muchos del lado más bajo en el escalafón oenegero que no pierden oportunidad de ir a un evento social, darse la mano con el político de turno o pasearse por algún despacho importante. Pierden el culo por hacer amiguitos y no precisamente del portero de su bloque, sino de alguien que pueda hacerles un favor de vez en cuando. Muy común en ciertas entidades, sobre todo las que tienen capacidad para influir incluso sobre el gobierno y las leyes. Y, ¿por qué no? el acceso a información privilegiada, equipos informáticos, bases de datos de gente, empresas, actividades financieras importantes... ¿Cómo no escribir luego un libro sobre baretos interesantes de Madrid cuando en la SGAE seguro que tienen información sobre los paganinis a los que cobran su consabido canon? La información es poder y el poder es atractivo. Y corrompe. ¿Se habría podido escribir ese librito sin pertenecer a un pedazo de oenegé como es la SGAE? Lo dudo mucho, Ramón. ¿Has renunciado a cobrar dinero por ese libro o a donar parte de él a los autores de este país? Lo dudo aún más. Como él, otros tantos. Así es la vida. Así es la SGAE, pero así también muchas otras entidades sin ánimo de lucro. Sin ánimo de lucro, pero ninguno hace su trabajo en secreto. Ninguno devuelve el dinero recaudado por actividades derivadas de su voluntariado. Ninguno es tan altruista que cede sus ingresos por esos conceptos a la propia entidad para la que trabaja, ni se niega a hacer unos cuantos amigos importantes gracias a su actividad solidaria. Sin ánimo de lucro, voluntariedad desinteresada. Ya. Que te crees tú eso. El Amo del Calabozo 2006-09-21 22:52 | Categoría: | 3 Comentarios | Enlace Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://laberintoposmo.blogalia.com//trackbacks/43135
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