Las cosas como son. Ser adolescente no es ningún chollo y el mundo está hecho, a veces para adultos, a veces para niños, pero casi nunca para los que están en medio. Se supone que ya no eres un crío y que tienes que ser responsable, trabajador, educado y todo eso, pero tus hormonas te dicen que mandes a hacer puñetas a los demás y te centres en ti mismo.
Cualquier adolescente cree que sus problemas son los peores del mundo y que cualquier solución que se demore más allá de unos pocos días u horas, es una solución a largo plazo. He suspendido tres, la chica que me gusta sale con mi peor enemigo, hay dos matones que me hacen la vida imposible, la profe de literatura me tiene manía, mi padre no me comprende, mi madre me aburre sobremanera con sus broncas, mi hermano mayor es un abusón y mi hermana pequeña, una plasta. Y así, veinticuatro horas al día y siete días a la semana. Las cosas, de adolescente, son una verdadera mierda, digan lo que digan esos que dicen seguir siendo jóvenes, pero ya están más pasados que un higo en noviembre.
Por eso, la idea de
destrozar el colegio para que no haya clases puede parecer eficaz, divertida y, ¿cómo no? un modo de decir "
aquí estoy yo, conmigo no podéis, olé mis cojones".
La Fiscalía de Menores, que desde mi punto de vista como trabajador del reformatorio, son demasiado blandos en ocasiones, decide que esto es
una chiquillada y, mira por dónde, estoy de acuerdo.
No puedes mezclarme a estos chavales, que no son sino víctimas de su propia idiosincrasia adolescente, con delincuentes de verdad. Estos no van a robar coches para divertirse en persecuciones policiales, ni van a pillar una bolsa llena de anfetaminas para pasárselas a unos críos en la discoteca
light, ni van a asaltar una tienda, ni a apalear a otro porque es diferente, ni nada parecido. Son críos, críos que se han pasado tres pueblos y que ahora pagan las consecuencias, porque, no nos olvidemos, estarán acojonados a más no poder. Porque en este país, la justicia no sé si actuará, pero acojonar, acojona. Especialmente cuando estás esposado en la parte trasera de un coche de policía. Se lo digo por experiencia.
Cierto es que esto les va a reportar una fama que ni ellos esperaban, y que cuando las aguas se calmen y hayan cumplido con sus Servicios a la Comunidad y su Libertad Vigilada, van a ser los héroes de su cole, pero se han pasado tres pueblos y el miedo en el cuerpo no se lo quita ni dios.
Suficiente es. Me parece.
El Amo del Calabozo